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UNA MEDICINA LLAMADA MONTAÑA

¿La montaña ayuda a curar?, ¿la montaña es terapéutica?, ¿en que sentido nos curamos o podemos ayudar a curar?, ¿qué opinan los médicos?, ¿qué podemos hacer cuando algo no tiene cura o si la tiene, que podemos hacer para curarnos mejor?, ¿la sociedad actual tiene claro el significado de las palabras valentía y dignidad?…Estas y muchas preguntas mas asomaron por nuestras mentes cuando iniciamos la apasionante aventura de escribir este libro. Son preguntas que esconden mil y una respuestas posibles. Para empezar, decidimos cerciorarnos del verdadero significado de la palabra curar, con la intención de partir de una base oficial a la hora de exponer nuestras ideas.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra CURAR tiene 13 posibles definiciones, de las cuales nos quedamos con cinco.

Curar

(Del lat. curāre, cuidar).

  1. tr. Aplicar con éxito a un paciente los remedios correspondientes a la remisión de una lesión o dolencia. U. t. c. prnl.
  2. tr. Disponer o costear lo necesario para la curación de un enfermo.
  3. tr. Sanar las dolencias o pasiones del alma.
  4. tr. Remediar un mal.

—-

  1. intr. sanar (recobrar la salud). U. t. c. prnl.

 

Las dos primeras definiciones entran dentro de lo que muchos médicos y pacientes reconocen como normal o lógico: enfermamos y nos ponemos en manos de profesionales que puedan ayudarnos siguiendo unos protocolos adecuados. En la segunda definición incluso entraríamos en el pantanoso mundo de los precios, las mutuas y los co-pagos sanitarios. En las tres últimas definiciones observamos que la RAE nos abre una puerta a algo mas profundo, sin dejar de lado una óptica pragmática, pero algo mas alejada de lo que muchos entienden como convencional. Curar, remediar, sanar …son verbos que se aplican desde hace siglos cuando algo no funciona, normalmente cuando tenemos un problema físico o psíquico, pero cuando hablamos de sanar o de remediar, entran en juego las palabras motivación, pasión, lucha, fe y…miedo. El miedo es una palabra maléfica que suele estar muy presente en nuestras vidas, debido en parte a que el miedo atrae a muchas formas de miedo. Los miedos mas frecuentes que el ser humano experimenta desde que tiene uso de razón son el miedo a lo desconocido, a la muerte, al sufrimiento y a perder la dignidad en caso de enfermedad.

Desde hace siglos, la montaña y el ser humano forman un binomio realmente interesante, no solo a nivel deportivo, sino también a nivel personal. Cada año encontramos mas y mas testimonios que narran con todo lujo de detalle como la montaña les ha cambiado la vida, como les ha ayudado a nivel psicológico a superar una enfermedad, un trauma, un dolor físico o un daño psíquico que no lograban superar. Muchos médicos y especialistas en oncología, psiquiatría y traumatología que han tratado a alpinistas, senderistas, esquiadores y amantes del mundo de la montaña en general, se preguntan hasta que punto la montaña puede llegar a ser terapéutica. Algunos directamente afirman que la montaña puede ayudar a superar grandes traumas, incluso hablan de enfermos de cáncer que han superado su enfermedad motivándose al máximo en la montaña, logrando que los tratamientos actúen con mayor intensidad. Otros afirman conocer casos donde los pacientes han logrado una mayor calidad de vida practicando deportes de montaña, aunque al final, algunos no lograran superar la enfermedad. Poder reorientar ciertas reflexiones y tener la mente abierta puede ser un buen punto de partida para el optimismo, aunque en ocasiones nos pueda parecer imposible.

El ser humano tiende a pensar que vivirá tranquilo, que lo que le sucede a los demás, no tiene porque pasarle a él…¡que terrible falta de humildad!, quienes piensan de este modo, están muy equivocados. La vida se encarga de colocar a cada individuo en el sitio que le corresponde y solo depende del hombre el poder afrontar los retos que se le presentan con una actitud positiva y constructiva. Aunque el camino sea duro, nunca debemos dudar que la vida tiene sentido, que vivir es la mayor de las aventuras, que el esfuerzo realizado vale la pena, que siempre se aprende y que nada es fútil. Tal y como nos recuerda la alpinista y escritora Araceli Segarra: Los comportamientos egoístas son una semilla que, si germina, acaba rompiendo un equipo. Cuanto más alto es el nivel de autoestima de una persona, más probabilidad hay de que trate a los otros con respeto, amabilidad y generosidad. Para ser noble lo importante es que estés seguro de ti mismo, de lo que haces, que te aceptes tal y como eres. La gente que medita aprende a conocerse, a aceptarse, a gustarse, y a partir de aquí transmite tranquilidad y no tiene miedo.

 

La montaña y el ser humano se complementan, todos forman parte de uno. No debemos olvidar que la montaña puede llegar a ser mucho mas generosa de lo que el ser humano pueda imaginar. El alpinismo y todo lo que lo rodea, es una gran fuente de vida, de esperanza y de motivación, lo afirmamos con total humildad, siendo plenamente conscientes de los beneficios positivos que la montaña puede tener en el ser humano a nivel emocional. Fuimos y somos testigos presenciales de cómo la montaña no solo ayuda a motivar y a enfrentarse a terapias y cirugías de alto riesgo, sino que nos abre las puertas a un mundo de sensaciones que hasta que no se experimentan en primera persona, no pueden describirse de forma correcta. Hablar de vida y de muerte, de orgullos y prejuicios, de amor por la familia, de pasión por la vida y también de guerra y de paz no es tarea fácil y menos cuando hablamos de nuestras familias, de amigos cercanos o incluso de nosotros mismos.

Son muchas las personas que han compartido con nosotros sus vivencias y sus experiencias sobre temas tan delicados como son la vida, la muerte, el dolor, el sufrimiento, sin olvidar el daño físico y el daño psicológico. El esfuerzo ha merecido la pena, sin lugar a dudas. La montaña nos ha dado un gran lección de humanidad, hemos descubierto en primera persona como la motivación y la capacidad de lucha son indispensables a la hora de afrontar un problema grave.

 

Luchar para superar

Hablando con personas que han superado un cáncer (o incluso mas de uno), la mayoría coinciden en que las primeras palabras que se les pasan por la cabeza son miedo, terror, pánico, decepción, sorpresa e incredulidad. La mayoría llega a casa con una saturación brutal de pensamientos negativos, pero por fortuna, la mayoría también tiene ganas de luchar y poco a poco, se lanzan en busca de respuestas, de estímulos que les aporten paz y serenidad para poder entablar la batalla de su vida, buscando fortaleza donde creían que no la había. Según varios estudios publicados, solo un 35% de los enfermos de cáncer cae en depresiones agudas al conocer su enfermedad, lo cual nos abre la puerta a la esperanza, pues la motivación (de momento), sigue venciendo a la depresión. Son muchos los casos que buscan fortaleza en Dios, otros directamente en su médico, en quien confían ciegamente y otros se lanzan en busca de terapias alternativas, incluyendo cambios en sus dieta y en su estilo o modo de vida. La mayoría se centra en su familia o en sus amigos, buscando compartir su situación con gente de confianza. En el 65% de los casos, siempre prima el poder buscar una vía de escape positiva. Una vía de escape que para muchos puede ser la montaña, con todo lo que nos ofrece a nivel deportivo y emocional. Cada persona es un mundo y cada problema es único, pero en la montaña todos somos iguales y todos podemos beneficiarnos, desde el respeto y la admiración, de todo lo que la naturaleza nos ofrece. Luchar para superar un trauma o una enfermedad no es tarea fácil, hemos vivido muy de cerca, la ansiedad y el pánico que genera no solo el cáncer, sino el estrés post-traumático o la ansiedad, incluso las secuelas físicas que puede dejar una guerra.

Luchar por la supervivencia es muy duro, pero todavía resulta mas duro preparar a un ser querido para su último viaje, cuando se es plenamente consciente de que no existe solución. Nos educaron pensando que nunca se está preparado para morir y mas que a la muerte, tenemos miedo a la forma de morir, nadie quiere morir sufriendo. Nos guste mas o menos, vivimos en una sociedad permanentemente asustada, que no vive, sobrevive como puede siguiendo absurdos convencionalismos sociales, dándole la espalda incluso a la muerte. Creemos que gran parte de nuestra sociedad, médicos incluidos, no está preparada para hablar de la muerte con familiares y amigos de enfermos. En España todavía tenemos un cierto nivel sanitario (que lamentablemente va perdiendo calidad), pero en otros países de Europa, hablar de la muerte casi es un tema tabú.

Decía Paulo Coelho: El miedo a sufrir es peor que el propio sufrimiento, recordándonos que siempre llegamos al miedo. La mayoría de los habitantes de este planeta no son conscientes de que tienen fecha de caducidad, parece que su absoluta carencia de humildad les otorga el derecho de inmortales. Vivimos pensando: Cuando consiga ese ascenso, cuando tenga una casa, cuando me compre el coche… Entonces podré ser feliz. Demasiadas veces repetimos cuando, cuando, cuando…o quiero, quiero, quiero…Vivimos en todas partes menos en el ahora. Nos pasamos la vida esperando a vivir. No nos damos cuenta de que lo que colocamos en nuestra mente, el cuerpo acaba transformándolo en una realidad y, cuando comenzamos a imaginar una situación futura catastrófica, el cuerpo lo convierte en una realidad y empezamos a sufrir hoy. Toda la ansiedad que el ser humano genera se manifiesta a través de problemas de estrés, úlceras de estómago, nerviosismo, incluso algunos médicos defienden que algunos tipos de cáncer pueden generarse debido a un exceso de estrés o de ansiedad, aunque otros lo niegan tajantemente. Por regla general, el ser humano lucha para superar un problema, pero por encima de todo, lucha para evitar el sufrimiento.

 

Nuestras cumbres

Cuando hablamos de los beneficios que puede tener la montaña a nivel de estrategia psicológica, como terapia personal para superar una enfermedad o un trauma, normalmente el objetivo final casi siempre suele guardar relación con una cumbre, con llegar hasta lo mas alto. Luchamos por encontrar nuestra cumbre, sea mas alta o mas baja. La cumbre marcará una meta, incluso puede que sea el punto de inicio para subir otra cumbre, sin parar de luchar. Solo tenemos que navegar por la página web de la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer para observar la cantidad de cumbres que logran alcanzar. En la asociación una de sus máximas es: Hay que intentar superar la enfermedad con la voluntad de escalar montañas. Pero ¡cuidado!, puede que no lleguemos a la cumbre, puede que por el camino nos detengamos a disfrutar del paisaje en un bosque o nos dejemos llevar por la belleza de un glaciar azulado que roza la perfección. Aunque no lleguemos a la cumbre, por el camino nos llevaremos una serie de experiencias inolvidables.Y cuando nos veamos obligados a dar media vuelta, sufriremos…pero solo por el hecho de haber aprendido algo nuevo, el esfuerzo habrá merecido la pena.

 

Conexión emocional

Las lecciones a nivel de superación personal y lucha que nos brinda la montaña son espectaculares, son lecciones que nutren y curten. Existen historias para todos los gustos, desde minusválidos que escalan paredes en Estados Unidos a enfermos de cáncer que logran subir las siete cumbres mas altas, pasando por ciegos, sordos y hasta parapléjicos que esquían o que escalan. Quedarse cruzado de brazos ante un problema grave, sea por falta de estímulos o por miedo al fracaso, no nos ayudará a aprender de la montaña.

Primero debemos colocar nuestros valores en orden, saber las preferencias, tener muy claras nuestras prioridades, dejar parte de nuestro pasado atrás y concentrarnos en el presente, dejándonos llevar por nuestras emociones, sin miedo. Los deportes de montaña aportan calidad de vida, ayudan a muchos enfermos a cambiar de filosofía, incluso gracias al alpinismo pueden hacer realidad un sueño. Se ha demostrado que la motivación puede ayudar a cambiar no solo una vida, sino la de los demás. Hacer algo útil, dejar un legado, ser recordado por algo, para muchas personas es importante. La montaña nos ayuda a conectarnos a valores humanos que permanecen olvidados debido a la ansiedad que se respira en las grandes ciudades y a la hipocresía que nos rodea. Estamos convencidos de que existe una conexión emocional entre el ser humano y la montaña, es mas, creemos que la naturaleza nos enseña el porque estamos aquí, nos muestra lo pequeños e insignificantes que somos, aportándonos grandes dosis de humildad.

Esta es, sin lugar a dudas, nuestra obra mas personal, muy alejada de todo lo que habíamos escrito hasta ahora y de nuestros documentales. En ella plasmamos ideas, pensamientos, realidades y situaciones que nos han cambiado la vida. Perder un padre o una hermana, tener que luchar contra tus propios fantasmas, contra el cáncer que provoca un miedo invisible pero que existe. La vida es capaz de ofrecernos momentos únicos, inolvidables, tanto para lo bueno como para lo malo, pero en nuestras manos está como nos enfrentamos a la vida, como le plantamos cara al sufrimiento, al dolor, a todo lo que se nos escapa y no podemos controlar. La montaña nos ayuda a superar miedos, inseguridades y situaciones complicadas, convirtiéndose no solo en una válvula de escape, sino en un auténtico catalizador de emociones. Somos conscientes de nuestra responsabilidad como autores a la hora de narrar vivencias y situaciones o incluso cuando formulamos preguntas, por tal motivo, entendemos que muchos lectores puedan no estar de acuerdo con nosotros, algo que, evidentemente, respetamos. No obstante, es nuestro deseo invitar a quienes en un primer momento puedan mostrarse algo escépticos ante nuestros planteamientos a repasar lo que se enseña en muchos clubes de montaña de Europa y en cursos de medicina de montaña:

Beneficios que aportan al ser humano las actividades o los deportes de montaña:

– Mejora las habilidades de coordinación, equilibrio y los reflejos.

– Ayuda a desarrollar la intuición.

– Aumenta significativamente la capacidad pulmonar.

– Permite tonificar los músculos y quemar calorías.

– Los obstáculos físicos se convierten en retos que aumentan la capacidad resolutiva y de superación también en el ámbito profesional y personal.

– Mejora el sistema inmunitario.

– Segrega endorfinas, que actúan a nivel cerebral provocando bienestar.

– A nivel psicológico, la belleza de los grandes paisajes y la satisfacción personal al lograr un objetivo relajan y ayudan a motivar.

– Se puede practicar en grupo, fomentando y mejorando el trabajo en equipo.

También podemos preguntarnos que pensó el alpinista veterano Joan Clofent antes de enfrentarse a la conquista de las siete cumbres mas altas del planeta, con la intención de superar un cáncer de vejiga. Su vida cambió por completo cuando se concentró en su lucha particular contra el cáncer. Entre tratamiento y tratamiento fue encadenando expediciones, convirtiéndose en el español de mayor edad en subir a la cumbre mas alta del planeta, el Everest. Dejando a un lado las enfermedades, conversando con Kilian Jornet o con Ueli Steck, nos damos cuenta de cómo la montaña ejerce un poderosísimo efecto imán sobre muchos seres humanos, capaces de convertir las grandes cumbres en el motor de sus vidas. No son mejores o peores personas por utilizar la montaña como válvula de escape o catalizador de emociones, son simplemente seres humanos con unas enormes gana de vivir, que sienten un enorme respeto por la muerte, pero que no por ello se cohíben a la hora de enfrentarse a ella a cada paso que dan. Es este poderosísimo efecto imán el que, bajo nuestro punto de vista, debería mover a muchas personas que necesitan una motivación especial, debido a que no están atravesando el mejor momento de sus vidas.

Cada persona es un mundo, nadie vive igual, nadie piensa y siente igual y a nivel psicológico, nadie se toma las adversidades que nos plantea la vida desde la misma óptica o perspectiva. Lograr que la mente domine al cuerpo es una máxima que persiguen muchos alpinistas y deportistas de élite y sabemos que es una tarea ardua, pero no imposible. La mayoría de los médicos consultados coinciden en que las actividades al aire libre no curan, en el sentido estricto de la palabra, pero predispone mentalmente al enfermo de forma positiva y eso hace que la actitud ante una enfermedad o un tratamiento sea mucho mejor, que la medicación tenga mejor efecto y que el paciente mejore notablemente su calidad de vida. No obstante, hemos encontrado algunos doctores, muy pocos, que no creen que la montaña aporte nada en especial al ser humano a nivel terapéutico, mostrándose muy escépticos ante nuestros planteamientos e ideas.

 

Estrés y traumas psicológicos

En esta obra se exponen cuatro ejemplos de cómo la montaña puede ayudar, y de hecho ayuda, al ser humano. Es nuestro deseo como autores, no solo hablar del cáncer y de otras enfermedades físicas de gravedad, sino también de cómo la montaña ayuda a equilibrar y a dejar atrás ansiedades, estrés y traumas tan profundos como pueden ser los causados por conflictos bélicos a escala global. El 95% de las noticias que se publican o emiten en los medios de comunicación llamados generalistas, ignoran sistemáticamente las secuelas que deja una guerra en un soldado. Son noticias que parece que no interesan, que no existen. Sabemos que muchos gobiernos ocultan información para que la población siga viviendo en su país de las maravillas, pero no podemos negar la realidad, una realidad dura y cruel que viven personas anónimas, personas que merecen ser reconocidas.

Solo en Europa, el estrés afecta a mas de 40 millones de personas. La buena noticia es que la mayoría de casos son tratables y analizables desde varias ópticas. Se ha demostrado a través de excelentes proyectos como los que el realizador de documentales Michael Brown está llevando a cabo con marines del ejército de Estados Unidos, que para poder llegar a una curación física, antes se debe trabajar la curación psíquica, buscando la raíz del problema, analizando todas las variables posibles y siempre pensando que los traumas psicológicos afectan de forma desigual a mujeres y hombres. Según un estudio presentado por el Colegio de Medicina de la Universidad estatal de Pennsylvania (EEUU), durante la conferencia sobre Biología Experimental del año 2012, las mujeres son más propensas que los hombres a mostrar síntomas de dificultad cardiaca después de sufrir reveses emocionales y situaciones estresantes. La doctora Charity Sauder aseguró que el estrés afecta de manera distinta los corazones de las mujeres, situándolas potencialmente ante un mayor riesgo de sufrir con el paso del tiempo un problema coronario.

 

Hoy en día, existen varios tipos de estrés:

1.- El estrés físico se produce cuando se realiza un importante desgaste de energía, suele aparecer en trabajos pesados, algunos deportes, al organizar agendas para cumplir horarios imposibles o llevando a cabo tareas extenuantes.

2.- El estrés emocional es aquel que se produce como consecuencia de situaciones que afectan a los sentimientos de forma negativa, es un estrés invisible pero no menos peligroso.

3.- El estrés químico altera el funcionamiento interno. La comida puede contribuir a experimentar estrés (cafeína, azúcar, chocolate, demasiada sal, deficiencias dietéticas etc.). Pero también el alcohol, el tabaco, las drogas,  los medicamentos, olores de disolventes, pinturas o gasolina… y no olvidemos la polución atmosférica y la contaminación en general. A eso, podemos también añadir el estrés debido a las radiaciones que cada vez nos contaminan más. Entre las redes de teléfonos móviles, de portátiles y otros que se multiplican a una velocidad tremenda, el cuerpo recibe una dosis diaria muy importante!

Un buen número de profesionales consultados van mas allá y amplían la percepción que tenemos del estrés emocional y físico.

El estrés agudo suele ser la forma de estrés más común en el mundo occidental. Surge de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y fascinante en pequeñas dosis, pero cuando es demasiado resulta agotador. Una bajada rápida por una pendiente de esquí difícil, por ejemplo, es estimulante temprano por la mañana. La misma bajada al final del día resulta agotadora y desgastante. Esquiar más allá de sus límites puede derivar en caídas y fracturas de huesos. Del mismo modo, exagerar con el estrés a corto plazo puede derivar en agonía psicológica, dolores de cabeza tensiónales, malestar estomacal y otros síntomas.

Por fortuna, la mayoría de las personas reconocen los síntomas de estrés agudo.

El estrés crónico es un tipo de estrés agotador que desgasta a las personas día tras día, año tras año. El estrés crónico destruye al cuerpo, la mente y la vida social y familiar, hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es el estrés de la pobreza, las familias disfuncionales, los atrapados en un matrimonio infeliz o en un empleo o carrera que se detesta. Es el estrés que los eternos conflictos han provocado durante años no solo en militares, sino también en los habitantes de Irlanda del Norte, las tensiones del Medio Oriente que afectan a árabes y judíos, los problemas en México y otros países latino-americanos, las rivalidades étnicas interminables que afectaron a Europa Oriental y la ex Unión Soviética

El estrés crónico suele aparecer cuando una persona es incapaz de ver una salida a una situación deprimente. Es el estrés de las exigencias y presiones implacables durante períodos aparentemente interminables. Sin esperanzas, la persona abandona la búsqueda de soluciones. Algunos casos de estrés crónico pueden proceder de experiencias traumáticas de la niñez que se interiorizaron y se mantienen dolorosas y presentes constantemente. Algunas experiencias afectan profundamente la personalidad. Se genera una visión del mundo, o un sistema de creencias, que provoca un estrés interminable para la persona (por ejemplo, el mundo es un lugar amenazante, las personas descubrirán que finge lo que no es, debe ser perfecto todo el tiempo). Cuando la personalidad o las convicciones y creencias profundamente arraigadas deben reformularse, la recuperación exige el autoexamen activo, a menudo con ayuda de un profesional. El peor aspecto del estrés crónico es que en muchas ocasiones, las personas se acostumbran a él, se olvidan que está allí. Las personas toman conciencia de inmediato del estrés agudo porque es nuevo; ignoran al estrés crónico porque es algo viejo, familiar y a veces hasta casi resulta cómodo.

En todos los casos, se ha demostrado que los deportes de montaña pueden ayudar a paliar los efectos del estrés, incluso llegando a cambiar totalmente la forma de ver y de enfocar la vida de muchos afectados.

 

Crisis de pánico

La ansiedad es una emoción natural que nace fruto de un estado nervioso alterado. Puede significar el preludio de una depresión, la reacción a un trauma o a una pérdida. También permite que llevemos a cabo una conducta de defensa eficaz ante situaciones peligrosas. Cuando la ansiedad excede en frecuencia, intensidad o duración deja de ser adaptativa para convertirse en un problema. Esto es lo que ocurre con las crisis de pánico, también denominadas crisis de ansiedad o crisis de angustia, donde la persona experimenta niveles de ansiedad tan intensos que pueden requerir hospitalización. Al igual que la mayoría de los problemas emocionales, las crisis de pánico afectan en mayor medida a las mujeres que a los hombres y constituyen entre el 3 y el 8% de las consultas en los centros de salud de Europa.

En este trastorno, más que en ningún otro, la información es la mejor prevención. Conocer qué es el pánico, hablar de ello, exponer el problema y no encerrarse en uno mismo, ayuda a controlar la ansiedad y a perderle el miedo. Es el primer y principal paso para superar el problema.

 

El miedo a lo desconocido

La psicóloga Patricia Ramírez, especializada en atender a deportistas y a personas que soportan una gran presión psicológica, comentó durante el transcurso de una entrevista que hay muchas situaciones que nos vamos encontramos a lo largo de nuestras vidas, ante las que no sabemos como reaccionar. Son situaciones que no sabemos afrontar porque no tenemos experiencia, y en la mayoría de ocasiones, la solución no está en la forma de ver las cosas o en los valores que tengamos, sino en otras perspectivas que igual no se nos ocurren en el momento. La presión psicológica ante lo desconocido, genera ansiedad y estrés, recuperando un tema que aparece de forma recurrente en esta obra: el miedo. El miedo forma parte de nuestras vidas y debemos aprender a controlarlo, siendo una de las grandes asignaturas pendientes en escuelas, hogares, universidades y en muchos hospitales. No estamos hablando de ser mas o menos pragmáticos, sino de saber aceptar lo que la vida nos depara, luchando para poder enfrentarnos a ello con la mayor dignidad posible. Desde nuestra infancia, el miedo a lo desconocido se apodera de la mayoría de seres humanos, destacando el miedo a la soledad, al dolor (sufrimiento) y una vez mas…a la muerte.

La muerte siempre nos ha infundido respeto, incluso diremos que la muerte nos da mas miedo cuando no estamos en la montaña, cuando se convierte en una amenaza psicológica con la que debemos convivir. En ocasiones olvidamos que la muerte forma parte de la vida, y como tal, puede presentarse de muchas formas, donde sea, cuando sea y como sea. Para poder tener una visión lo suficientemente amplia sobre un tema tan complejo, aprovechamos la información compilada a través de nuestros viajes, donde entramos en contacto con pueblos, culturas, religiones y formas de entender la vida y la muerte realmente interesantes. A lo largo de casi cinco años de trabajo, regresamos cargados de mensajes que analizamos con detalle y que hoy en día nos ayudan a llegar a una conclusión: aprender a entender la muerte y las graves enfermedades nos llevará a vivir mucho mejor lo que nos queda de vida. Y es aquí donde entra en acción la montaña.

El periodista Guillermo del Olmo publicó en 2012 un interesante artículo en el diario ABC sobre la muerte. De dicho artículo destacamos la opinión de un buen psiquiatra, el doctor Antonio Sacristán, oncólogo y jefe del Equipo de Soporte y Ayuda Domiciliaria del Sector Este de la Comunidad de Madrid. Para él la muerte es algo cotidiano. Visita a diario las casas de aquellos a los que ronda de cerca, luchando no contra ella, sino contra los estragos de su advenimiento.

Es un médico atípico: no cura, y sus pacientes pocas veces sobreviven más allá de unas semanas, pero no por ello es menos necesario. Sacristán cree que, pese a que la sociedad viva ignorándola, «la muerte es una realidad omnipresente. Todos viajamos en coche con el riesgo que eso conlleva, todos vemos a diario la crónica de sucesos en televisión, las matanzas en Afganistán y otros lugares. La muerte está ahí, pero construimos tópicos en torno al morir porque no lo conocemos». El modo de reaccionar más extendido ante una enfermedad de pronóstico fatal confirma que la asunción de la mortalidad es dolorosa y se elude tanto como sea posible. La mayoría de los pacientes recurre a la negación de su enfermedad como un manto protector frente al sufrimiento y muchas veces ese manto se mantiene hasta el desenlace, explica Sacristán. Dentro de la enfermedad, es vital recordarle al paciente que él es una persona, y esa persona merece ser tratada con absoluta dignidad, más allá de la enfermedad que padezca. A partir de la aceptación del problema, entraremos en una fase de duelo, que podrá ser superada dependiendo de la capacidad de lucha y sobretodo, de la motivación, y es aquí donde volvemos a destacar por encima de todo, la voluntad de lucha.

 

Fases del duelo:

– Negación (no puede ser, es imposible, a mi no puede pasarme esto)

– Rabia (qué putada, me enfado con la vida y con todo en general)

– Tristeza (conexión con la pena, llanto, dolor, posible depresión)

– Aceptación (pacto con la realidad, voluntad de lucha, seguimos adelante)

Es saludable pasar por todas las fases, aunque sea desagradable y poder llegar a la última con la motivación y el coraje necesarios para plantar cara a los problemas. En los cuatro casos que se exponen en esta obra el lector descubrirá varios ejemplos de cómo personas totalmente distintas atraviesan la cuatro fases de sus duelos personales. La montaña y la familia pueden ser buenos compañeros de viaje, que ayuden a llegar a la aceptación y a seguir adelante, construyendo, creando, motivando, generando. Sin rendirse jamás.

 

Pragmáticos y realistas

En las páginas de este libro el lector no encontrará fórmulas mágicas, ni milagros o recetas para llegar hasta los 100 años con buena calidad de vida. Los autores de esta obra no somos especialistas en oncología ni en psiquiatría militar, ni tenemos la capacidad para sanar desde la distancia, pero si que estamos convencidos que la montaña ejerce un beneficio sobre el ser humano que no siempre se tiene en cuenta a la hora de buscar soluciones a una enfermedad o a una dolencia. Antes de realizar afirmaciones académicas, los autores nos rodeamos de un buen equipo de profesionales especialistas en psicología, psiquiatría y oncología (entre otras especialidades) que nos aportan su visión personal y su experiencia profesional, ayudando al lector a extraer, en todo momento, sus propias conclusiones. Puede que a favor, o puede que en contra.

Hasta ahora habíamos hablado de la montaña en la mayoría de nuestros proyectos profesionales, acercándonos a ella desde una óptica deportiva, geográfica y cultural. En esta ocasión, es nuestro deseo hablar de la montaña desde una óptica mucho mas personal, donde la motivación, las ganas de vivir y los dramas humanos que nos rodean forman parte de un común denominador. A través de cuatro casos reales, analizaremos junto a profesionales del sector y médicos de prestigio las propiedades curativas que la montaña esconde en sus entrañas.

El primer caso se refiere a la aventura personal que vivió uno de los autores, el alpinista, geógrafo y guía de montaña Jordi Salvador, tras saber que padecía un cáncer de próstata. El Aconcagua actuó como un enorme catalizador de emociones, ayudándole a prepararse psicológicamente para una operación delicada y a enfrentarse con valentía una enfermedad que acabaría superando. A continuación, descubrimos como cambió la vida del abuelo Antonio cuando parecía que ya no le quedaban cartas por jugar. La montaña se convirtió en la válvula de escape, en el mejor compañero de viaje para poder vivir con dignidad los últimos años de su vida. El tercer caso nos demuestra como el alpinismo puede ayudar a superar las secuelas psicológicas que provocan las guerras, demostrando hasta que punto el ser humano es capaz de luchar contra sus propios fantasmas, viajando desde Afganistán hasta los Alpes suizos. El cuarto y último caso narra la gestación y la creación de la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer, a través de la mirada nítida y realista de su fundador, un carismático alpinista con experiencia en las principales cordilleras del planeta.

Como complemento divulgativo, recomendamos una serie de títulos literarios y cinematográficos cuyo enfoque sobre la materia que desarrollamos en esta obra, puede ayudarnos a tener una visión mas amplia y abierta sobre la montaña, la vida y la muerte. Las últimas páginas de esta obra las reservamos para exponer nuestras propias conclusiones, nuestra opinión personal. Es importante que quede clara nuestra visión panorámica y reflexiva sobre un tema como el que nos implica: como afrontar una enfermedad o un trauma y como buscar soluciones al respecto a través de la montaña.

Emplear la textura y los recursos de la novela, o del ensayo novelado, para contar una historia verdadera es un camino que sigue con frecuencia la literatura actual. Elegimos esta vía narrativa al considerarla apropiada para narrar los acontecimientos que el lector descubrirá en breve, evitando al máximo adentrarnos en ficciones y giros efectistas. Es nuestro deseo señalar que en algunos casos, nos vimos obligados a reconstruir conversaciones, frases e incluso alguna que otra situación que nuestros entrevistados no detallaron con la precisión necesaria, sin alterar en ningún momento el mensaje ni la idea de fondo que deseamos transmitir a través de estas páginas.

Debido a la negativa a aparecer en este libro o a que sus nombres fueran citados, en algunos casos se han cambiado los nombres y apellidos de varios personajes, la mayoría médicos y militares.

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