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Ártico cine de montaña

Nadie quiere la noche

La undécima película de la directora Isabel Coixet, se presentó el pasado 5 de febrero en la Berlinale (Festival Internacional de Cine de Berlín).

El largometraje transcurre en el Ártico, exactamente en Groenlandia, en 1908. La película, un buen ejemplo de lo que técnicamente se conoce como «cine polar» (incluido dentro de un género tan apasionante como es el cine de montaña), nos muestra un marco incomparable, gélido e inhóspito. Quizá por eso, la directora Isabel Coixet, comenta: Esto es raro y frío de cojones... Las últimas semanas  de filmación las invirtieron rodando en orden cronológico una historia inspirada en hechos reales en la que su protagonista, Josephine Peary (Juliette Binoche), sigue los pasos de su marido, el explorador norteamericano Robert Peary, y lo hace sin atender a razones. El explorador vive entregado a la idea obsesiva de alcanzar el Polo Norte geográfico, el punto exacto, el norte perfecto. Josephine, rica, burguesa y nada acostumbrada a los rigores polares, sólo desea estar cerca de la persona que ama. Las circunstancias llevarán a  Josephine a quedar atrapada, helada y bastante maltrecha; con la única compañía de una inuit llamada Allaka (Rinko Kikuchi). El personaje de Josephine  sufre, en palabras de Coixet, calamidades sin fin…vamos, que le caen hostias por todos lados.

La acción se sustenta en las magníficas interpretaciones de sus protagonistas, en la elegante recreación histórica y en el excelente guión de Miguel Barros. La película tiene un arranque épico, al estilo de las grandes películas de montaña clásicas, con barcos de época surcando los mares y trineos atravesando la nieve. Pero a medida que avanza el metraje la historia se transforma, evoluciona, comienza a hacerse cada vez más pequeña e íntima, hasta que todo cambia, llevando al espectador hacia un terreno mas profundo. Poco a poco la película se va desprendiendo de todo ornamento, hasta que solo quedan la india inuit y Josephine Peary, la señora de la alta sociedad de Boston. Las dos frente a frente. Según cuenta Coixet, – viene una tormenta brutal y se lleva por delante el refugio en el que estaban; ellas huyen y se guarecen en un iglú. Son dos mundos opuestos, dos formas de entender la vida, dos civilizaciones…dos mujeres. Y el invierno polar ahí fuera, cruel, brutal. Cinco meses de oscuridad total, sin alimento, sin combustible, sin agua, intentando sobrevivir en el lugar más inhóspito de la tierra. Tal y como cuenta Juliette Binoche: – Parece un viaje geográfico, pero cuando Josephine queda atrapada…lo que hay es un descenso a su interior. Experimento esta película a un nivel muy personal.

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Cuenta Isabel Coixet que ha transformado a Juliette Binoche, contando por un lado con la maquilladora Sylvie Imbert, (Premio Goya por Blancanieves) y por otro con un especialista en dicción, el que han empleado Kate Winslet a Penélope Cruz. Coixet quería trabajar el acento de Binoche, explica que cuando conoció a Binoche, hace una década, – tenía ese acento francés como de Peter Sellers en el Inspector Clouseau. Ha trabajado el acento durante tres meses… Si hay algo que resulta notable en la filmografía de la catalana es el renombre internacional y la talla de los actores con los que ha rodado: Mark Ruffalo, Sarah Polley, Tim Robbins, Penélope Cruz, Ben Kingsley. – Yo siempre convenzo a los actores, dice Coixet. Pero no sabe cómo. Explica el caso de Binoche. – La conocí hace unos 10 años. Un productor italiano que había visto Mi vida sin mí (2003) me llamó por si me interesaba hacer una película basada en la II Guerra Mundial; muy bonita, aunque el guion no estaba a la altura de la historia. Pero además era con Juliette Binoche, y me pareció que me había tocado la lotería. Me fui a París, la conocí y nos entendimos muy bien. El resultado es una película de una incuestionable belleza ártica, que ofrece al espectador la irrefutable posibilidad de un viaje extremo al pasado, en los albores de las grandes expediciones extremas.