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Cine de montaña: géneros y subgéneros

El cine de montaña es un género apasionante, que nos fascina por su interés histórico, deportivo y artístico. Es un género que exige a nivel técnico grandes dosis de sacrificio y que no siempre recibe el reconocimiento que se merece. Si hablamos de cine de montaña, no podemos pasar por alto que como género, tiene sus subgéneros, igual de interesantes. Y es mas, no solo se consideran películas de montaña aquellas que están protagonizadas por escaladores o alpinistas, pues existe un amplio abanico temático dentro del género, lo cual nos aporta una mayor riqueza artística y creativa.

Llegados a este punto, y para dejar las cosas claras, creo que es importante analizar lo que entendemos por cine de montaña.

El formato hoy en día (siglo XXI) es lo que menos importa, pues las películas pueden estar filmadas en cine convencional (negativo) o en cine digital, formato que se impone día a día y que también consigue una calidad excepcional, aunque muchos sigamos defendiendo la película tradicional, sea Kodak o Fuji. Para descubrir el cine de montaña de forma llana y amena, procederemos a clasificar las películas por grupos. Tratándolas diferenciadamente por géneros conseguiremos una estructura didáctica y útil a la vez que nos permitirá ordenar nuestros conocimientos y a la vez, ser capaces de compartirlos según las características personales de nuestros interlocutores. Basándonos en la clasificación clásica (películas de ficción y películas documentales) ampliaremos los grupos a cinco para poder disfrutar de un abanico más amplio de géneros. Para empezar, hablaremos de las películas de ficción.

 

FICCIÓN 1

Películas de ficción donde la montaña aparece durante una parte del metraje, pero no interviene directamente en la trama.
Para poner un ejemplo claro y conciso del tipo de películas que se incluyen dentro de esta sección, podemos elegir al azar una película mítica como puede ser “Centauros del Desierto” de John Ford, considerada como un «western de montaña», uno de los subgéneros mas interesantes. Nadie pondrá en duda que es una obra maestra de un maestro del cine del oeste. El paisaje presente como punto de referencia corresponde al Monument Valley, unas montañas bellísimas situadas en la frontera entre los estados de Uhta y Arizona. Cualquiera estará de acuerdo que este paisaje realza en todo momento la calidad visual de la película, hasta el punto que si lo suprimimos, la calidad de la película se reduce muchísimo, hasta el punto que dejaría de ser una obra maestra. Sin embargo, jamás han habido ranchos en este lugar, el terreno es árido y estéril incapaz de albergar actividades agrícolas o ganaderas.

Las únicas tribus que estaban presentes en el tiempo que esta situada la acción, eran relativamente pacificas, mayoritariamente Navajos, Piutes en menor medida, y tal vez pequeñas comunidades residuales dela tribu extinta de los Mokis. Los feroces Comanches operaban a miles de kilómetros de distancia en las llanuras de los estados del este de Nuevo México, sur de Colorado y Kansas y Oklahoma. Sin embargo estas y otras muchas inexactitudes y anacronismos patentes en la trama no afectan a la calidad suprema de la película, aun para los conocedores de ellas.

El análisis realizado con esta película define las películas de este grupo. Muchas y muy buenas películas en las que aparecen las montañas, necesitan su presencia, como elemento indispensable. En esencia no son auténticas películas de montaña, pero precisan la montaña para completarse adecuadamente. El “western” es un género que ha aprovechado al máximo los grandes paisajes y las maravillas naturales que nos ofrecen los Parques Nacionales norteamericanos. Raoul Walsh y Clint Eastwood rodaron excelentes películas donde la montaña estaba presente sobretodo al inicio y al final del filme, tal es el caso de “Los Implacables” (1955) o “El Jinete Pálido” (1985).

Un buen ejemplo de películas de ficción donde la montaña ejerce un papel necesario para el buen desarrollo de la trama, lo encontramos dentro de la serie dedicada al agente 007. De los 22 títulos que se consideran “oficiales”, en ocho encontramos escenas de acción filmadas en localizaciones alpinas de gran belleza, casi siempre en los Alpes. James Bond escala, esquía fuera de pista cuando hace falta y sin despeinarse, hasta se permite el lujo de tirarse en paracaídas desde una cumbre nevada dejando atónitos a sus malvados perseguidores. Sean Connery no se calzó las botas de esquí en ninguna de sus películas pero si que realizó una interesante persecución alpina a bordo de su famoso Aston Martin DB5 en “Goldfinger” (1964). La carretera del Furkapass y el glaciar del Ródano en Suiza, se utilizaron para filmar una de las mejores escenas de toda la serie, aprovechando la espectacularidad del paisaje y las curvas de una de las carreteras más atractivas de los Alpes. En “007 Al Servicio Secreto de su majestad”)”On her Magesty´s Secret Service” (1969), que también podría considerarse (en parte) una película de esquí, George Lazenby (007) destruya la base de su enemigo Bloefeld situada en lo alto del Schilthorn (Piz Gloria) y Roger Moore se estrenaría como esquiador acrobático en “La Espía que me Amó” (“The Spy Who Loved Me” (1977), lanzándose en paracaídas en un salto que todavía hoy en día, pone los pelos de punta a mas de un especialista.

El éxito de “Moonraker” (1979), planteó un serio desafió a la productora de Albert R. Broccoli y para el nuevo filme de 007, la historia necesitaba sorprender y al mismo tiempo, respetar los orígenes siguiendo los patrones creados por Ian Fleming.

En 1981, “Solo para sus Ojos” trasladó a James Bond hasta las altas cumbres de los Alpes italianos donde se filmó una interesante persecución con esquíes a cargo de Willy Bogner en la estación de esquí italiana de Cortina d´Ampezzo. La acción continuará imparable hasta las escenas finales de la película, con una espectacular escalada filmada en lo alto de un monasterio en Grecia. Los años ochenta significaron la entrada en la madurez de un Roger Moore que todavía filmaría dos películas mas interpretando al famoso agente secreto, “Octopussy” (1983) y “Panorama para Matar” (“A View to a Kill”, 1985) donde volvería a realizar acrobacias en la nieve inventando una nueva modalidad de “snow-board”. En 1987, Timothy Dalton aceptó el relevo y se convirtió en James Bond para protagonizar una espectacular persecución por las nevadas montañas de Austria pilotando su nuevo modelo de Aston Martin V8 Volante. Tal y como sucede en todas las películas de la serie, el vehículo será destruido, siendo sustituido por un carísimo Chelo como original vehículo de escape. En 1997, Pierce Brosnan destruiría un campamento donde se trafica con armas de gran calibre en medio de los Urales (Rusia) en su segunda incursión como 007 titulada “Tomorrow Never Dies” (“El mañana nunca muere”). En realidad la escena se filmó en la entrañable estación de esquí de Bagneres de Luchon situada justo detrás del Valle de Arán, en el Pirineo francés. Pierce Brosnan demostraría sus dotes de esquiador en una correcta aunque pobre secuencia de esquí en “El Mundo no es Suficiente” (“The World is not Enough,” 1999) y justo tres años más tarde, la última película de Brosnan como James Bond “Muere Otro día” (“Die Another Day”, 2002) nos ofreció una espectacular persecución sobre hielo entre el Aston Martin V12 Vanquish de 007 y el Jaguar XKR convertible del malvado Zao (Rick Yune). La escena se rodó en Islandia y en Noruega, utilizando en todo caso, el 90% de los planos filmados en el glaciar Gunnar Jokull Karlson y en Höfn (Islandia). La nieve y el frío ocupan una buena parte del metraje de un filme, que en su conjunto, es el más flojo de los cuatro interpretados por Pierce Brosnan. A finales del 2008, Daniel Craig volvería a demostrar su carisma tras la excelente “Casino Royale” (2006) para realizar una de las mejores secuencias alpinas de toda la serie. La película “007 Al Servicio Secreto de su majestad” )”On her Magesty´s Secret Service” (1969) entraría en el apartado número dos de este capítulo, dedicado a las películas de ficción, donde la montaña participa activamente en la trama.

Dentro del grupo que nos implica, podríamos incluir miles de títulos que por su popularidad forman parte de nuestros recuerdos. La montaña nos ofrece un marco incomparable a la hora de filmar escenas de acción donde los protagonistas deben escalar, esquiar o superar peligrosos obstáculos a gran altitud. Funiculares, teleféricos, telesillas y telecabinas se han utilizado para crear auténticas situaciones de riesgo exprimiendo al máximo el trabajo de los especialistas.

También pueden servirnos de ejemplo películas como “The Guns of Navarone” (“Los cañones de Navarone”, 1961) de J. Lee Thompson, “My Side of the Mountain” (1969) de James B. Clark, “Cooper Mountain” (1983) de David Mitchell, “Star Trek V The Final Frontier” (“Star Trek V, la Última Frontera”, 1989) de William Shatner, “On Deadly Ground” (“En Tierra Peligrosa”, 1994) de Steven Seagal, “Mission Impossible 2” (2001) de John Woo o “Extreme Ops” (“Riesgo Extremo”,2002) de Christian Duguay. La montaña también tiene su protagonismo en las cuatro películas de la serie “Indiana Jones” y no podemos pasar por alto la espectacular batalla entre las fuerzas rebeldes y el Imperio galáctico al inicio de la excepcional “El Imperio Contraataca” (“Star Wars Episode V, The Empire Strikes Back”, 1980). El glaciar de Finse (Noruega) se utilizó para rodar las escenas que tienen lugar en Hoth, el planeta helado que sirve de base a los rebeldes perseguidos por el implacable Dath Vader.

 

FICCIÓN 2

Ficción, donde la montaña participa activamente en la trama. Sin montaña, no hay película.

Para diferenciarlo del primero, llamaremos a este grupo “Ficción 2”.

El ejemplo que he escogido para definir este grupo, resulta muy personal, por lo que su comentario va precedido de una experiencia que puede parecer un ejemplo de predestinación. La película escogida es “La Montaña Trágica”. Como es una película poco conocida, me extenderé en su descripción. Es una película americana de titulo original: The White Tower. Dirigida en 1950 por Ted Tetzlaff en 1950 basada en una novela de James Ramsey Ullman.

El eminente crítico de cine de montaña Josep Maria March, ya fallecido, me comentó en su día una curiosa anécdota que por su interés reproduzco a continuación: -“La Montaña Trágica» es la primera película de montaña que vi, tendría yo entre 5 y 7 años, y a decir verdad me gusto, pero desaparecio de mi memoria consciente rápidamente y en apariencia no conserve ningún recuerdo de su argumento. Al cabo de 4 o 5 años se me ocurrió la idea de escribir una novela, como había leído en la contracubierta de un libro el titulo: “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, pensé que podría escribir un libro sobre una ascensión a una montaña difícil como símil de las dificultades que las personas encontramos a lo largo de nuestras vidas y como el espíritu de superación nos impulsa a hacerles frente. Idee por tanto una trama argumental y unos personajes. El proyecto quedo en esto, jamás escribí una sola línea. En este caso guarde en mi memoria consciente toda la trama argumental. Pasaron mas de 40 años y cierto día vi anunciada la emisión, por televisión, de la película en el periódico a las 11h y no solamente la vi, sino que además la pude gravar en video. Por aquel entonces ya estaba interesado en el cine de montaña. La gran sorpresa fue que su argumento coincidía a la perfección con mi novela fallida y además fui recordando escenas y mas escenas de cuando la había visto en el cine de mi barrio al principio de los años 50 del siglo pasado”.

Del director diré que dirigió pocas películas, de cine negro y Westerns. Pero había sido cámara, director de fotografía y por encima de todo fotógrafo, el gran maestro del cine, Fritz Lang, lo tenia como su fotógrafo preferente. No es de extrañar pues que la película sea una maravilla de encadenamiento de planos de factura bellísima. La localización de planos de distintas montañas de los Alpes, escogiendo los parajes mas bellos de cada una, hacen de La Torre Blanca una montaña que sin existir, parece la montaña ideal, el sueño de todo alpinista. Por otra parte resulta ser ,si puede decirse así, la principal protagonista del film. Los personajes principales están encarnados por Glenn Ford, Alida Valli, Claude Rains, Lloyd Bridges, Sir Cedric Hardwicke y Oscar Homolka. Forman un grupo heterogéneo de personajes con la obsesión de conquistar un pico no escalado hasta la fecha (imposibilidad rotunda en la fecha de la acción) en que cada cual esta convencido del porque de su deseo. La Montaña al parecer dotada de un conocimiento de los seres humanos que la facultan para conocer sus verdaderas motivaciones, les proporciona a cada uno lo que necesitan íntimamente, que en ningún caso es lo que desean y les proporciona la única paz posible que puede acabar con sus contradicciones internas.

Las películas de ficción han ido evolucionando desde los inicios en los años 20 donde nos presenta la montaña como un medio hostil a los hombres que osan desafiarlas, hasta la actualidad donde la montaña es el objetivo de la pasión de los alpinistas que conocen los riesgos y los afrontan con disposición de aceptar las consecuencias de sus actos. Puede que haya desaparecido el halo de misterio y leyenda que envolvía las películas antiguas, sin embargo este cambio no determina por si mismo que una obra actual no pueda contener las mismos estímulos poéticos, fantasiosos, tiernos de exaltación emocional y provocar un cúmulo de sentimientos como lo hacían las películas antiguas.

Se debe destacar que dentro de este genero, la calidad cinéfila es la que es según los intereses comerciales, y que la incorporación de las modernas tecnologías propicia la aparición de efectos especiales cuyo abuso puede producir subproductos totalmente ridículos y patéticos. Personalmente opino que en la actualidad se producen pocas películas de este genero que se puedan considerar de calidad. Es como si la abundancia de medios hubiese cercenado la imaginación, la creatividad y hasta me atrevería a aventurar un incierto futuro al genero. La prueba mas fehaciente que poseo es la ausencia de este genero en los múltiples festivales de cine de montaña actualmente copados por documentales y en menor medida por recreaciones.

Dentro de este género de ficción también podemos incluir a modo de ejemplo títulos como “Liebesbriefe aus dem Engandin” (1938), “Feuer, Eis & Dynamit” (“Fuego, Nieve y Dinamita”, 1990), “The Challenge” (“El Desafio”, 1938), “K2” (1991), o “Himalaya” (1999).
DOCUMENTALES 

Como puede deducirse de su nombre, una película de montaña documental es esencialmente un testimonio visual de algo que sucede o que ha sucedido, realizado a base de recopilar la documentación necesaria para desarrollar el proyecto. En ocasiones, las películas contienen entrevistas detalladas con los personajes implicados realizadas con la intención de ayudar al desarrollo de la trama y facilitar su comprensión. En estos casos, los documentales reciben el sobre-nombre de “testimoniales”. Cuando el suceso a documentar se produce en la montaña, el entorno condiciona en gran manera la noble labor de conseguir imágenes. En primer lugar debe trasladarse el equipo de filmación, el material sensible (si trabajamos con película) y todos los complementos necesarios hasta lo alto de una cumbre o un glaciar, lo que en los inicios del cine significaba cargar con muchísimo peso. También hay que tener cuidado por la fragilidad de los equipos, a lo que hemos de añadir los problemas que la meteorología, tan variable e imprevisible en la montaña, nos pueda causar. En muchos casos la nieve o la lluvia pueden deteriorar todos o parte del material de rodaje y no seria la primera vez que un documental no ve la luz por culpa de las inclemencias del tiempo. Las condiciones de iluminación son difíciles de modificar, en ocasiones no hay focos, ni reflectores, y durante décadas resultaba técnicamente imposible, dotar la imagen de un sonido simultaneo.

Las referencias que poseemos, en ningún caso absolutamente completas, nos descubren auténticas rarezas que en algunos casos, no entrarían dentro de la categoría documental de montaña, pero por su interés histórico y por estar filmadas en los albores del cine, tienen todo el derecho de ocupar un lugar en nuestra clasificación. Muchos de los cortometrajes que aparecen en esta obra se filmaron utilizando decorados en el interior de diversos estudios o en el mejor de los casos, aprovechando el paisaje que se divisa desde algún valle alpino. Entre 1900 y 1920, destacan títulos como “La Expedición del Duque de los Abruzzos al K2” (1909) de Vittorio Sella y “4628 Meter Hoch auf Skiem – Besteigung des Monte Rosa” (1913) obra de Sepp Allgeier. El primer documental con estructura propia se filmó utilizando los recursos de la época. El hecho que el material sensible, en blanco y negro por supuesto, fuera ortocromático o sea muy sensible al color azul y desequilibradamente insensible a los amarillos y verdes, nos ofrece unas pobres imágenes de un cielo liso sin nubes y unos bosques rabiosamente repletos de blancos y negros sin gama de grises. La película se titula “Das Lauterbrunnental” y dura 10 minutos. Fue realizada en 1911.

La incorporación del material sensible pancromático, aunque seguía con un desequilibrio en la sensibilidad del color azul, permitía el uso de filtros que mejoraba la calidad de las imágenes y empezó a usarse en el año 1920.
En los 15 años siguientes registramos 6 documentales que destaquen y quede constancia. Destacamos por su valor y calidad las filmaciones del capitán Norton que acompaño a Mallory en sus expediciones al Everest.
A partir de 1936 se produce el verdadero despegue del cine documental de montaña. Dos títulos brillan por encima del resto y poseen un extraordinario valor: “Karakoram” de Marcel Ichac, y “Die Eiger Norwand” de Max Hermann que nos muestra el rescate del cadáver de Toni Kurtz, colgado al extremo de una cuerda desde el año anterior en la pared norte del Eiger.

La mejora del material acompañada de un mayor mercado para los filmes, el inicio de los festivales de cine de montaña (Trento 1952), las expediciones financiadas por gobiernos y clubes alpinos nacionales y el progreso general después de la Segunda Guerra Mundial, propiciaron el crecimiento de la producción de una manera gradual. El Tercer Reich organizó diversas expediciones a la cordillera del Himalaya con la intención de recopilar datos pseduo-científicos que lograran demostrar la superioridad de la raza aria. A partir estos viajes, Ernst Schäfer dirigió el documental “Geheimnis Tibet” (1943), donde narraba, desde su particular punto de vista, sus experiéncias en el Tibet. La película de Schäfer se estrenó en Alemania con el sub-título de “Lhasa-Lo – Die verbotene Stadt” y sin lugar a dudas, se convirtió en tido un referente para el partido nazi a la hora de publicitar sus logros y sus ideas. Claro ejemplo de documental político, “Geheimnis Tibet” nos demuestra el poder y la utilidad del cine a la hora de convecer a las masas.

Con el paso de los años, gracias a la aparición de las cámaras de video y la multiplicación de canales de televisión, el crecimiento del documental se convirtió en exponencial los últimos 30 años. Teniendo en cuenta que la cantidad casi siempre diluye la calidad, nosotros mantenemos el criterio de que un buen documental debe ser algo mas que bellas imágenes y maniobras arriesgadas, debe despertar al máximo nuestras emociones, hacernos participes de lo que estamos viendo, y desgraciadamente este tipo de documental no abunda.

Un buen ejemplo de documental paradigmático lo encontramos en 1950, fecha en la que la expedición francesa al Himalaya (Nepal), filmó en condiciones verdaderamente dramáticas las imágenes de la odisea que alpinistas franceses y sherpas vivieron para salvar la vida de dos compañeros con gravísimas congelaciones. En 1954 se estreno el montaje realizado por Marcel Ichac con el titulo “Victoire sur l’Annapurna” en la tercera edición del festival de Trento. Nos reservamos la opinión sobre el veredicto del jurado corriendo un tupido velo. Pero la fuerza de este documental no ha sido superada hasta la fecha y creemos que el listón establecido será difícil de superar. Junto con “Les Etoiles du Midi” (1958), la labor del cineasta francés Marcel Ichac se ha convertido con el paso del tiempo en obra de estudio a la hora de entender la particular filosofía que mueve al ser humano a lograr hitos cada vez más difíciles.

En la actualidad, el documental de montaña se encuentra en un buen momento gracias al formato IMAX y a la aparición de grandes profesionales capaces de esquiar, escalar o lanzarse en parapente equipados con los últimos avances en tecnología. A mediados de la década de los sesenta, Willy Bogner abrió la puerta al documental-espectáculo, un tipo de película filmada con la intención de sorprender al espectador con imágenes únicas filmadas por auténticos temerários. Documentales tan interesantes como “Steep” (2007) o “Los Alpes, gigantes de la naturaleza” (2007), nos sirven de ejemplo para demostrar que el cine documental, si nos ofrece un buen guión y un buen equipo, puede llegar a resultar igual o más espectacular que un filme convencional, siendo su visionado en ocasiones, mucho más gratificante.

 

RECREACIONES HISTÓRICAS

Este genero se caracteriza por la narración de unos hechos acontecidos con la puesta en escena, mediante actores, del desarrollo del hecho. La narración se realiza generalmente con una o varias voces en off descriptivas que actúan como hilo conductor. Los actores representan los hechos acaecidos, y cuando es posible los protagonistas reales aportan su descripción narrativa. El conjunto resulta francamente espectacular, siempre que la trama dramática este adecuadamente concebida. Se podría decir que es un híbrido entre el documental y el cine de ficción con el aprovechamiento optimo de los recursos de ambos géneros y los resultados acostumbran a ser de calidad por lo general. El género nació de la mano de expertos documentalistas y también se usa el nombre de: Reconstrucciones documentales. Su fecha de inicio alrededor data en 1983, aunque pueden hallarse intentos anteriores que no consolidaron el genero. Destacamos como pioneros del genero dos nombres emblemáticos Gerhard Baur de Alemania y Leo Dickinson Británico. En España se realizo una obra maestra en 1998 por parte de Guillermo Campo y Jesús Bosque. Se trata de: “Montañas de Ayer. La Conquista del Puro”, que se desarrolla en los Mallos de Riglos en Huesca. Esta obra arraso en todos los festivales de cine de montaña del mundo incluidos los de mas prestigio, y también en alguno generalista. Constituye la mejor aportación española a la historia del cine de montaña.

A fecha de hoy y bajo nuestro criterio, el mejor ejemplo del genero que nos implica es “Touching the Void” ( “Tocando el Vacio”), una excelente película editada en nuestro país en DVD. La producciones alemanas «Norwand» y «Nanga Parbat» tampoco se quedan atrás.