en Alemania, cine de montaña

El Desafío de las Águilas en alta definición

117Captura de pantalla 2014-10-31 a la(s) 22.58.41

(Where Eagles Dare)

Duración: 150 min. País: Gran Bretaña/ Estados Unidos Año: 1968 Director: Brian G. Hutton Reparto: Richard Burton (Mayor Jonathan Smith, MC), Clint Eastwood (Teniente Morris Schaffer), Mary Ure (Mary Elison), Donald Houston (Capitán James Christiansen), Patrick Wymark (Coronel Wyatt Turner, DSO MC), Robert Beatty (General George Carnaby), Anton Diffring (Standartenführer Kramer), Brook Williams (Sargento Harrod), Ingrid Pitt (Heidi). Música: Ron Goodwin

 

Buena noticia para los amantes del cine de montaña bélico, un subgénero que durante la década de los años 60 y principios de los setenta tuvo un éxito realmente notable. El lanzamiento en Blu-Ray “El Desafío de las Águilas” aporta nitidez y espectacularidad a un clásico que sigue sorprendiendo y entreteniendo al público de la misma forma que hace exactamente 45 años. Realmente es una buena película, con buenos actores, con una fotografía alpina muy elegante y desde su inicio, mantiene atrapado al espectador gracias a su ritmo trepidante. El filme supone un buen ejemplo de lo que en el mundo del cine se entiende como “cine de montaña bélico”, un sub-género que llegó a su máximo esplendor en la década de los años 60. Austria y Alemania competían a la hora de ofrecer estudios, escenarios naturales y pueblos de montaña donde británico y norteamericanos pudieran rodar sus películas. En el caso de “El Desafío de las Águilas”, la nieve, el frío, un teleférico y un siniestro castillo situado en lo alto de una cumbre en la frontera de Baviera con el Tirol, se convierten en los principales protagonistas del filme.

“El Desafío de la Águilas”, como buena película de acción, contó con un reparto de primer orden. En esta ocasión, junto al bueno de Eastwood que aquí interpreta al teniente norteamericano Morris Schaffer, encontramos a uno de los grandes nombres de la escena inglesa, Sir Richard Burton. A los 44 años, el gran actor galés demostró estar en muy buena forma protagonizando una película muy física, llena de escenas rodadas en exteriores nevados a muy baja temperatura. Junto a ellos, la belleza escocesa Mary Ure, aportó su elegancia y “savoir faire” al filme, todos ellos dirigidos por la batuta del norteamericano Brian G. Hutton, que volvería a trabajar con Eastwood en “Los Violentos de Kelly” un año más tarde. En 1975, Eastwood seria el máximo responsable de la interesante “Licencia para Matar” (“The Eiger Santion”, 1975) donde demostraba sus dotes como escalador en la cara norte del Eiger.

El guión de la película está firmado por el autor de la novela del mismo título, el escritor Alistair MacLean. De la pluma de este gran novelista escocés surgirían títulos tan interesantes como “Los Cañones de Navarone” o “Estación polar Zebra”, adaptadas al cine con excelentes resultados. Tal y como sucede en “Los Héroes de Telemark”, en esta ocasión nos volvemos a encontrar con un grave problema que afecta al bando aliado y que puede cambiar sin remedio el curso de la Segunda Guerra Mundial.

El filme tiene un arranque muy elegante, por debajo de los títulos de crédito iniciales podemos contemplar la belleza de los Alpes a través del vuelo de un Junkers JU-52/3M del Tercer Reich que transporta a los protagonistas de la misión. Finalizados los créditos, la acción nos sitúa justo en la reunión secreta donde se informa de los siguientes hechos: Pocos meses antes del desembarco de Normandia, el general norteamericano George Carnaby, que posee información privilegiada sobre todo lo que concierne al día D, es secuestrado (aparentemente) por los Nazis y retenido en una fortificación en los Alpes de Baviera, cerca de la frontera con Austria. Al recibir la fatídica noticia, las tropas aliadas organizan conjuntamente una misión de rescate supervisada por el coronel Wyatt Turner y el almirante Rolland (encarnado por el gran actor británico Michael Hordern), que en pocos días organizarán un comando internacional que se infiltrará justo en medio de la línea enemiga. El equipo estará capitaneado por el mayor Smith, del ejército británico y el teniente Schaffer, del ejército norteamericano. Su misión: lanzarse en paracaídas en el sur de Alemania y llegar hasta el castillo de “Schloss Adler” (el castillo de las águilas) una fortaleza inexpugnable solo accesible en teleférico o a golpe de piolet. Una vez allí, el principal objetivo será liberar al general prisionero sembrando la mayor destrucción posible. Evidentemente, los responsables del servicio secreto alemán en la Baviera meridional no se lo pondrán fácil pero gracias a la colaboración de la agente británica Maria Elison, el comando se abrirá camino y logrará su objetivo.

Una vez llegados al castillo el guión da un giro inesperado y Richard Burton acaparará uno de los mejores momentos de la película, confundiendo al alto mando alemán durante una reunión secreta y eliminando en diez minutos a los principales líderes Nazis. Alistair MacLean demuestra una vez más su buen hacer al crear una atmósfera inquietante donde nada es lo que parece y donde todos los presentes en la sala se plantean quien es amigo y quien es enemigo. Por fortuna para el espectador el entuerto dura poco y se descubre el verdadero fin de la misión: obtener los nombres de los espías alemanes infiltrados en el servicio secreto y en el ejército británico. Para ello se ha contratado los servicios de un cabo norteamericano que suplantará al auténtico general Carnaby con el objetivo de ganar tiempo y confundir al delegado de la Gestapo, a las SS y la Wehrmacht. Una vez resuelta la operación, Smith, Schaffer, Maria y el cabo americano emprenderán una espectacular huida a través del teleférico que da acceso al “Schloss Adler” y tras una de las mejores persecuciones alpinas de la historia del cine, conseguirán llegar al aeródromo donde les espera el Junkers de transporte que les devolverá sanos y salvos a Londres. Solo quedará un detalle: descubrir al máximo responsable de los espías alemanes infiltrados en el MI-6 y procesarlo por alta traición.

“El Desafío de las Águilas” es un ejemplo perfecto de película alpina, donde la montaña se convierte en protagonista casi absoluto. El rodaje en los Alpes no estuvo exento de anécdotas y durante la filmación de una escena con explosivos, el director Brian G. Hutton y parte del equipo técnico sufrió quemaduras de cierta gravedad.

Otra anécdota a tener en cuenta es la colaboración particular del hijo de Richard Burton que según algunas fuentes, fue el responsable de la participación de su padre en el proyecto, pues quería verlo trabajando en un filme de comandos. Caprichos aparte, otro tema que en su momento suscitó cierta tensión fue el económico, pues el salario de Eastwood era inferior al de Burton y el americano se tuvo que contentar con cobrar algo menos de un millón de dólares. No obstante, superada la letra pequeña, el proyecto se llevó a cabo y todo el equipo demostró con creces su gran profesionalidad. Mención especial merecen los especialistas Alf joint, Eddie Powell, Bill Sawyer y Gillian Aldam que demostraron su valor en multitud de escenas filmadas a gran altitud en medio de montañas nevadas y colgados de los cables del teleférico que aparece en el filme.

Para llevar a cabo una producción de tamaña envergadura, el equipo técnico y el director localizaron diversos exteriores que se ajustaban a los parámetros de filmación deseados. Concretamente se rodó en el pequeño aeropuerto de Engandin en Samedan, justo al lado de Saint Moritz (Suiza). También se utilizaron zonas de la estación de Graubünden en Suiza, los bosques de Baviera en el sur de Alemania y algún que otro paisaje de Schloss Wefern, Lofer, Salzburg y Ebensee en Austria. Los interiores se rodaron en los estudios Borehamwood y MGM British Studios en Hertfordshire (Inglaterra). Como triste curiosidad, podemos comentar que cerca de Ebensee, al sur de Salzburg, se encontraba hace más de 60 años el siniestro campo de concentración y trabajos forzados donde en sus galerías subterráneas, las SS explotaron hasta la muerte a miles de prisioneros españoles, todos ellos deportados republicanos.

Víctor Riverola i Morera