en Alpes Suizos, cine de montaña

La Heidi mas cercana y mas suiza

Heidi, el gran clásico alpino, se nos viste de gala

Antes de empezar, debo reconocer que juego con algo de ventaja a la hora de hablar de Heidi, pues no solo me fascina Suiza, sus paisajes y sus historias, sino que al colaborar durante muchos años (como periodista y escritor) con la Oficina de Turismo de Suiza en España y con Zermatt Tourism, he llegado a escribir varios libros técnicos sobre los Alpes suizos, pasando largas temporadas en el país helvético. Dicho conocimiento del país me ha llevado a descubrir la tierra de Heidi, visitando los rincones que inspiraron a Johanna Spyri, mezclándome durante un tiempo con una historia y unas gentes que no siempre se han retratado como era menester en una gran pantalla. Siempre he considerado una tarea ardua el mero hecho de empezar a rodar una recreación histórica, siendo necesario tener muy claro que cualquier error en un detalle o en un acento, puede destrozar el resultado final del filme; por tal motivo, celebro comprobar que la última versión de Heidi estrenada hasta la fecha, cumple a la perfección con su cometido: entretener y aportar aire fresco a una historia para todos conocida, desde una óptica muy realista y cercana.

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Tras obtener un impresionante éxito de crítica y público en los países europeos donde ya se ha estrenado, el próximo 26 de agosto por fin llegará a nuestras pantallas una de las versiones mas ambiciosas sobre Heidi que se han rodado jamás. Se trata de una coproducción entre Suiza y Alemania que ha costado unos diez millones de euros, dirigida por el suizo Alain Gsponer, quien ya había tocado el personaje en su primer cortometraje a nivel profesional, donde se preguntaba que había de real en la zona conocida como “Heidiland”, el país de Heidi, situado cerca de Maienfeld, en el cantón de los Grisones (distrito de Landquart).

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Ante la clásica pregunta de si ¿es esta la versión mas fiel o la mejor versión que se ha rodado sobre las aventuras de Heidi?, personalmente diría que supera a la versión de 1968, dirigida por Delbert Mann, que para muchos resulta encomiable. También creo que Bruno Ganz resulta mas cercano y creíble como abuelo, que Max Von Sydow en la versión de 2005 dirigida por Paul Marcus (puede que una de las mejores versiones, con Diana Rigg como la abuela de Clara y Geraldine Chaplin como Rettenmeier). En esta ocasión, el espectador entra en todo momento en contacto con los personajes, compartiendo los paseos por el monte junto a Pedro y un simpático rebaño e cabras que se ensucian cuando toca. El espectador también comparte la mesa de madera del abuelo en su cabaña de los Alpes, come sin cubiertos, duerme en una cama de heno, busca marmotas imitando su silbido, sufre las desventuras que vive la joven huerfanita cuando la alejan de su abuelo y el espectador sonríe cada vez que Heidi sonríe, algo muy complicado de lograr a nivel psicológico a la hora de rodar. A la sonrisa contagiosa de la protagonista (una Anuk Steffen en estado de gracia para ser debutante), se le añade un Bruno Ganz que se merienda la cámara tal y como es habitual en él.

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Todo en la película está medido al detalle para que sea auténtico; Como en los buenos relojes suizos, en Heidi todo encaja a la perfección dentro de un engranaje dirigido con mucho cariño (y se nota) por Alain Gsponer, desde la forma de cortar la madera, al vestuario, pasando por el pan, la forma de servir la raclette o los acentos. En una escena, casi podemos oler el potente aroma a queso fundido al calor del fuego, mientras Heidi nos habla con el particular acento suizo-alemán (con el famoso Grüezi en lugar de – ¡Hola!, buenos días). En Suiza han valorado especialmente que los personajes se expresen en el dialecto suizo correspondiente al cantón donde se encuentran, dejando a un lado el clásico acento alemán que se escucha en la mayoría de películas con actores suizos, austríacos o alemanes. En Heidi se escucha el alemán tal y como debe escucharse, con varios acentos según los personajes y las localizaciones donde se encuentren. Dichos acentos llegan a producir discusiones y enfrentamientos con la señorita Rottenmeier (Katharina Schüttler) en Frankfurt.

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El reparto del filme se ha cuidado al máximo, buscando actores y actrices que se transformaran literalmente en los personajes de Spyri de un modo natural, sin teatralidad ni excesivas estridencias; por tal motivo se ha contado con la maravillosa Anuk Steffen, joven actriz suiza que debuta con este filme en la pantalla grande. – El requisito principal era que la niña procediera de la región de Heidi. Quería que hablara su dialecto, que se sintiera como Heidi en su casa, – precisa Alain Gsponer, el director. – Desde el primer ‘casting’, Anuk Steffen me pareció una niña impresionante, llena de pasión y alegría. Sus ojos vivaces son únicos y me encantó porque actuaba con mucha inteligencia. Yo buscaba a alguien con energía, pero que al mismo tiempo fuera frágil, vulnerable y en cuyos ojos se pudiera ver por lo que había pasado, – comenta Gsponer. Tras buscar entre 500 niñas, Anuk se llevó el premio gordo. En el papel del abuelo, brilla con luz propia el enorme actor suizo Bruno Ganz, que maravilló al mundo en 2004 interpretando a Adolf Hitler en El Hundimiento. Anuk Steffen se ha sentido muy honrada e impresionada a la hora de interpretar a uno de los iconos de Suiza: – Una de las cosas que mas me atraen de Heidi, y que me recuerdan a mi es su sonrisa, su optimismo y su alegría. Heidi transmite ganas de vivir, felicidad. Y la montaña le ayuda a ser feliz. Soy igual de positiva que ella, ha reconocido la joven actriz suiza.

La película funciona muy bien a nivel familiar, llegando hasta el público adulto de un modo totalmente natural, sin forzar ni una escena. Darle una pátina mas edulcorada hubiera destrozado la labor de Ganz y Steffen, y es que hoy en día, los niños que cazan Pokemons no se tragarían la Heidi de Shirley Temple de 1937. A nivel técnico, la película cuenta con una magnífica fotografía obra de Matthias Fleischer y una música que se adapta como un guante a las imágenes, obra de Niki Reiser. Los paisajes se han rodado con mucha elegancia, sin llegar a saturar al espectador, algo que se agradece cuando hablamos de cine de montaña, donde en muchas ocasiones la fotografía eclipsa la labor interpretativa.

Con Heidi ocurre lo mismo que con muchas historias que todos conocemos desde niños; Titanic o King Kong pueden ser un ejemplo, todos sabemos que el barco se hunde y que el enorme gorila muere. Todos sabemos que Heidi no soporta vivir en una gran ciudad, alejada de Pedro, el abuelo, copo de nieve o niebla…pero algo se activa en nuestro cerebro cada vez que nos muestran ciertas historias, creándose un efecto a caballo entre la nostalgia y la alegría que automáticamente nos produce una sensación placentera que nos llena y entretiene.

Pasen, siéntense cómodos y disfruten de casi dos horas de viaje a la Suiza de Johanna Spyri, nada mas. Heidi es alegría y tristeza a la vez, es nostalgia y emoción…es un mágico cocktail de emociones y sensaciones que nunca pasa de moda y gracias a un buen director y a unos actores cercanos, dichas emociones y sensaciones logran traspasar la pantalla, algo realmente encomiable hoy en día.

 

Heidi en la gran pantalla

Los valores que defienden las historias sobre Heidi, así como el respeto por la montaña, las tradiciones, el medio ambiente y los animales, se han transmitido de generación en generación a través del cine, la TV y la literatura. A nivel histórico y según la opinión de muchos críticos, directores y cámaras de altura a nivel mundial, el número 35 (principios de 2007) de la revista l´Alpe es todo un referente en lo que a monográficos sobre cine de montaña se refiere; y en ese número, entre otros personajes relacionados con la montaña y el cine, aparece Heidi, el mítico personaje creado por la escritora suiza Johanna Spyri a finales del siglo XIX. El cine de montaña no tardó en aprovechar el potencial de los libros sobre Heidi y a mediados del siglo XX la pequeña huérfana suiza se convertiría en la protagonista de muchas películas y telefilmes rodados en los Alpes y las Rocosas. Algunos títulos son realmente interesantes y otros, simples divertimentos que podemos incluir dentro del género Heimatfilm, (cine patriótico-costumbrista) muy popular en la Alemania de los años cincuenta. Los Heimatfilms se rodaron en entornos rurales de gran belleza paisajística, mostrando al espectador temáticas romántico-pueriles aptas para todos los públicos.

La historia de Heidi ha sido traducida del alemán a 50 lenguas y llevada a la pantalla más de una docena de veces. La primera producción cinematográfica sobre Heidi es un filme mudo rodado en 1920 y protagonizado por Madge Evans. En 1937 se rodó una versión musical protagonizada por Shirley Temple y Jean Hersholt en el papel del abuelo. La película fue un éxito y ayudó a potenciar la imagen de Suiza como destino de montaña de primer nivel, aunque curiosamente la película no contiene ni una sola escena rodada en los Alpes, pues se utilizaron los bosques californianos cercanos al lago de Arrowhead.

En 1952 llegaría la primera versión suiza rodada en alemán, con la simpática Elsbeth Sigmund como Heidi. La niña rodó tres películas sobre Heidi, se retiró del cine y pasó a ser maestra en una escuela. En 1958 se estrenó Un regalo para Heidi, una curiosa producción americana con Sandy Descher como protagonista. En 1965 llegaría una de las mejores versiones, contando con Eva Maria Singhammer, cuyos padres eran propietarios de un hostal de montaña en Baviera (ahora la señora Eva Maria ya es mayor y regenta un restaurante en Fuerteventura). La película, de producción austriaca, ayudó a potenciar la imagen de los Alpes durante el boom del esquí en los años sesenta. En 1968 Jennifer Edwards (hija de Blake Edwards, el director de La Pantera Rosa y Desayuno con Diamantes) interpretó a Heidi en un interesante telefilme dirigido por Delbert Mann, contando con un impresionante reparto donde encontramos a Michael Redgrave, Joan Simmons y Maximilian Schell. Como detalle curioso, John Williams fue el autor de la banda sonora, años antes de convertirse en el compositor para cine mas importante de todos los tiempos.

Y llegamos a 1974, año en el que todo el mundo descubriría a la Heidi mas famosa, de la mano (entre otros) del maestro japonés Hayao Miyazaki. La serie de animación de 52 capítulos se convirtió, junto a Marco, en uno de los mayores éxitos del Anime nipón. En 1978 la actriz austriaca Katia Polletin rueda una serie de 26 episodios coproducida entre Alemania, Australia y Suiza. La BBC se interesó por la excelente factura de dicha serie y fue uno de sus máximos valores a nivel publicitario. Actualmente, Katia Polletin regenta junto a su marido un hotel de montaña en los Alpes austriacos. En 1978 se rodó una nueva versión musical en Colorado, con Katy Kurtzmann como Heidi. La nueva aventura de Heidi no pasó a la historia del cine, como tampoco lo hizo el invento Courage Mountain, donde Juliette Caton y Charlie Sheen (Heidi y Pedro) interpretan a una pareja de enamorados en la Primera Guerra Mundial. En 1993 se rodó en el Tirol y en Salzburgo, una serie producida por la Disney que no llegó a destacar (producida entre otros por Silvio Berlusconi) con Jason Robards como abuelo, Joanne Seymour como Rottenmeier y Patricia Neal como la abuela de Clara.

En 2001 llegaría algo realmente peculiar, de la mano del director suizo Markus Imboden, protagonizado por la actriz alemana Cornelia Gröschel. Su versión de Heidi situa a los personajes en el siglo XXI, donde Heidi se comunica con Pedro a través de Internet y SMS. La película fue un éxito, demostrando que el buen rollo de Heidi, no conoce tiempos ni espacios.

En 2005, Reino Unido rodaría una de las versiones mas espectaculares sobre Heidi, contando con Emma Bolger (entrañable), Max Von Sydow (siempre excelente como abuelo), Geraldine Chaplin y Diana Rigg. Dirigida por Paul Marcus, dicha adaptación destaca por su elegancia y cuidado por el detalle, siendo junto a la Heidi de 2015, una de mas mejores versiones que se han rodado sobre el personaje de Johanna Spyri.

 

Johanna Spyri, sonrisas y lágrimas

Heidi refleja parte de la vida de su autora, Johanna Spyri, nacida en los Alpes suizos y que sufrió la añoranza de su pueblo cuando tuvo que trasladarse a vivir lejos de su hogar. Johanna encontró en la escritura una vocación tardía, que nació como una acción solidaria y terminó convirtiéndose en un refugio tras varias desgracias personales.

Johanna Louise Heusser nació el 12 de junio en una pequeña aldea de los Alpes llamada Hirzel. Fue la cuarta de los seis hijos del médico local Johann Heusser y la poetisa Meta Sebweizer. Después de formarse en la escuela de Hirzel, cuando tenía catorce años, fue enviada a estudiar a Zúrich donde se instaló en casa de un familiar. Dos años más tarde se trasladó a un internado de la localidad de Yverdon, en la parte francófona de Suiza. Una vez licenciada, regresó a su hogar donde ayudó a su madre en la educación de sus hermanos pequeños. Por aquel entonces, Johanna disfrutaba de su pasión por la música, tocando el piano y el arpa; leía mucho y disfrutaba de la naturaleza que rodeaba su hogar.

En 1852 conoció al quien se convertiría en su marido, Bernard Spyri, estudiante de derecho amigo de uno de sus hermanos. Después de casarse, la pareja se trasladó a vivir a Zurich donde Bernard trabajaba como editor de un diario. Johanna no se adaptó a la nueva vida en la gran ciudad y cayó en una depresión de la que solamente logró levantar cabeza cuando nació su único hijo, Bernhard, en 1855. Al superar la barrera de los cuarenta años, Johanna empezó a escribir. Su primer libro, firmado como J.S. se publicó en 1871. Una hoja en la tumba de Vrony fue un libro editado para recaudar fondos para la Cruz Roja Internacional, que en aquellos años colaboraba para ayudar a los heridos en la guerra Franco-Prusiana.

En aquella época oscura para Europa, Johanna empezó a entretener a su hijo relatándole historias de una niña inspiradas en sus propias experiencias de la infancia. Aquel fue el inicio de una larga lista de libros protagonizados por Heidi. El primero de todos se publicó en 1880, convirtiéndose en un clásico. Heidi es el libro más popular de la literatura suiza con más de 50 millones de copias de Heidi –publicada originalmente en dos tomos- vendidas en todo el mundo. Tras el éxito de Heidi, la desgracia llegaría al hogar Johanna; en 1884 y en un breve periodo de tiempo, su hijo y su marido fallecían dejándola sola a los cincuenta y siete años de edad. Johanna dejó su casa familiar y se trasladó a vivir a una más céntrica en la ciudad de Zúrich donde acogió a una sobrina suya. Intentó paliar su profunda tristeza volcándose en obras de caridad e imaginando historias infantiles para su sobrina como ya hiciera con su amado hijo.

 

Tras las huellas de Heidi

Hoy en día existen dos museos dedicados a Johanna Spyri y a Heidi. Uno lo encontramos en Maienfeld (Bündner Herrschaft), en una preciosa casita que fue la inspiración de Johanna Spyri al escribir sobre Heidi. Partiendo a pié desde la estación de ferrocarril, el sendero que conduce a la casa (algo menos de una hora) donde se encuentra el museo atraviesa viñedos y prados de gran belleza, llegando hasta el Ochsenberg (2h – 30min), desde donde se divisa una panorámica excepcional de toda la zona. En Maienfeld encontramos la casa de Heidi, el establo de las cabras y la tienda del pueblo…

El otro museo lo encontramos en Hirzel (cerca de Zúrich), dedicado al universo de su creadora. Aquí fue donde alguna vez la pequeña Johanna Luise Heusser fue a la escuela. Desde 1981, la Alten Schulhaus alberga al Museo Johanna Spyri.

 

Víctor Riverola i Morera