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50 años de un Bond atípico

Curiosamente, este atípico film de la serie Bond está considerado, por una buena parte de seguidores de la misma y por muchos aficionados al cine de montaña, como un título de culto. Una de las razones de ello estriba en que se trata de una historia ambientada en una cumbre, algo realmente insólito hasta la fecha y de la primera película sobre el espía británico no protagonizada por Sean Connery quien, en aquellos años, mostró cierta predisposición a abandonar el personaje, aunque lo recuperaría dos años después y por penúltima vez, en la irregular Diamantes Para la Eternidad (Diamonds are Forever, 1971).

En 007 Al Servicio Secreto de su Majestad (On Her Majestys secret service, 1969), el desconocido actor y modelo australiano de 29 años George Lazenby fue el escogido para sustituir a Connery; para muchos ésta fue una elección errónea, aunque para otros se trató (de manera bastante alucinada) del mejor Bond de entre todos aquellos que le han dado vida. La polémica sigue vigente hoy en día. De hecho, y para paliar dudas al respecto, Lazenby sólo interpretó a 007 en esta ocasión, pues su carácter y su ego impidieron que los productores renovaran su contrato. Lazenby no llegó a triunfar en el mundo del cine, rodando producciones que no estaban a la altura de sus posibilidades, no obstante, siguió disfrutando de la buena vida, la publicidad y los viajes hasta el presente.

A los actos de celebración de tamaña efeméride, celebrados la pasada semana en Suiza, asistieron el incombustible George Lazenby (James Bond), Catherine Schell (Nancy), Terence Mountain (Rafael), Helena Ronee (paciente israelí), Jenny Hanley (paciente irlandesa), Sylvana Henriques (paciente jamaicana) y John Glen (Director de la segunda unidad, editor, director de cinco películas de Bond).

También fueron invitados Eddie Stacey (doble), Vic Armstrong (doble especialista, director de 2ª unidad), Steven Saltzman (hijo del productor Harry Saltzman), Terry AcklandSnow (dibujante/ departamento de arte), Erich Glavitza (coordinador de carreras de autos y conductor), Stefan Zürcher (especialista de esquí/esquiador doble) y Wendy Leech (doble, hija de George Leech, doble de Lazenby durante el rodaje, que tuvo lugar en los Alpes suizos desde el mes de octubre de 1968 hasta mayo de 1969.


Eliminando de la narración la mayoría de gadgets utilizados habitualmente por el espía y llenando la cinta de curiosos guiños a títulos anteriores, buena parte de esta cinta dirigida por Peter Hunt, el montador oficial de la serie hasta ese momento, se desarrolla en el  Schilthorn (Piz Gloria en la película), una cumbre alpina estratégicamente situada a 2.970m de altitud, en el Berner Oberland suizo. Hoy en día, la subida al Schilthorn sigue siendo uno de los principales reclamos turísticos de Suiza, junto con el cremallera del Jungfraujoch, el telecabina 3S del Klein Matterhorn, el cremallera del Pilatus y el cremallera de Gornergrat.

Siguiendo la tradición de las películas de 007 donde el villano suele tener su base o guarida en un lugar poco accesible, la cumbre del Schilthorn se convierte en esta ocasión en la inhóspito morada del pérfido Blofeld, interpretado por Telly Savalas (cuatro años antes de inmortalizar a su televisivo Kojak). El guión de la película es sencillo y se centra en la necesidad de localizar y eliminar a Ernst Stavro Blofeld, uno de los máximos responsables de la organización criminal Spectra. Para lograr tal objetivo, 007 se aliará al inicio del filme con el mafioso líder sindical de Córcega, Marc Ange Draco.

Una vez Draco le promete su ayuda, este le pide a Bond que se case con su hija, la Condesa Tracy di Vicenzo, (Diana Rigg); si accede, Draco compensará a Bond y le pagará un millón de dólares de la época…Siguiendo con los planes de control y dominio mundial de Spectra, Blofeld tenía la pretensión de difundir un indeterminado número de virus por todo el planeta, contando para ello con la colaboración de un numeroso y atractivo ejército de bellas muchachas hipnotizadas.

Para impedir los maquiavélicos planes de Blofeld, Bond seguirá su rastro hasta Suiza, donde Blofeld aparenta ser un conde que dirige una clínica para la investigación de ciertas alergias. Como debe ser, James Bond logrará destruir el centro de investigación de Blofeld con la ayuda del propio Draco y una serie de aguerridos soldados en una escena final llena de acción, helicópteros y muchas explosiones, pero justo antes de la aparición de los créditos finales, un inesperado atentado teñirá de sangre el final de la historia.

50 años después, y con varias ediciones en Blu-Ray editadas en España, la película sigue disfrutándose como lo que es, un divertimento muy entretenido donde la estética pop de los años 60 se mezcla, a través de un ritmo trepidante, con la elegancia del cine bélico de montaña, destacando la espectacular utilización del paisaje de un modo nunca antes visto en un filme de 007, con decorados construidos en escenarios naturales a casi 3.000m de altitud.

Rodando como nunca antes se había rodado

Un guión sin complicaciones arropa, en esta ocasión, las aventuras  de un 007 más satírico de lo normal. Como muestra de ello, en la primera escena y tras salvar de morir ahogada en el mar a una atractiva joven, James Bond recibirá una paliza tremenda por parte de tres sicarios sin escrúpulos. Herido y agotado (aunque sin despeinar), vencerá a sus adversarios y, al ver huir a la chica de su lado, hará un aparte hacia la cámara y, como si se tratara del mismísimo Groucho Marx, soltará esta frase: “esto, al otro Bond no le pasaba”.

El filme nos muestra escenas nunca antes rodadas (a casi 3.000m), cuando Bond intenta escapar del Piz Gloria colgándose literalmente de los cables del teleférico que une Birg con la cumbre del Shilthorn en plena noche (escena que nos recuerda a “El Desafío de las Águilas” rodada el mismo año en Austria y Suiza), sin olvidar la escena en la que 007 persigue a Blofeld a bordo de sendos trineos desbocados, se han convertido en los pasajes más destacados del film dirigido por  Peter Hunt. El cámara-especialista alemán Willy Bogner, se encargó de rodar las escenas de esquí más espectaculares del filme.

Willy Bogner (fotos) rodó buena parte de las escenas de acción en alta montaña con una pequeña cámara manual, esquiando hacia atrás en una posición realmente acrobática sujetando la cámara con las manos y hasta con las rodillas, descendiendo por pistas de esquí y en ocasiones, fuera de pista. El cámara Johnny Jordan, especialista en filmación aérea, fabricó un arnés especial que le permitía colgarse bajo un helicóptero unos metros por debajo de la cabina y gracias a su invento, las escenas panorámicas de la película son realmente espectaculares.

Para crear las avalanchas que se pueden ver en la película, el director de la segunda unidad John Glen colaboró con el ejército suizo colocando cargas explosivas para provocar aludes, filmando escenas nunca antes vistas en una película comercial. Los especialistas Richard Graydon, George Lane Cooper, Joe Powell y Chris Webb (junto a un electo de grandes profesionales) se encargaron de doblar las acrobacias que los protagonistas realizan bajando del Schilthorn, ya sea colgados de los cables del teleférico o esquiando junto a Willy Bogner, único e inimitable.

Es importante mencionar que en la novela original de Ian Fleming, la base de Blofed estaba ubicada en una cumbre de la Engandina, por encima de St. Moritz, muy cerca del Piz Bernina, accesible con helicóptero o mediante un teleférico. Tampoco se habla en ningún momento del parentesco entre Bond y Ernst Stavro Blofeld, algo que descubriremos en Spectre (2015), donde Daniel Craig se enfrentará a un elegante Blofeld interpretado por el actor austriaco Christophe Waltz.

En un principio se pensó ubicar la base del villano en lo que antiguamente era la línea maginot pero tras examinar diversas localizaciones, los productores decidieron situarla en lo alto del Shilthorn, una cumbre de 2.972m situada por encima de la bucólica población de Mürren (libre de vehículos a motor).

Dicha cumbre es accesible en teleférico partiendo desde el valle de Lauterbrunnen (Lengroald, 862), subiendo en un primer tramo hasta Gimmelwald (1.363) y en un segundo tramo hasta Mürren (1.638m, donde llega un simpático tren procedente de Grütschalp (1.485). Desde Mürren un tercer teleférico asciende hasta Riggli (2.684m), por encima del Schilthornhütte (2.432m), un refugio realmente entrañable y acogedor. El cuarto y último tramo nos llevará directos hasta la cumbre del Schilthorn (2.970m), donde encontramos en invierno una de las pistas negras mas potentes de los Alpes, la Inferno, de 14,9km.

Fue el alemán Hubert Fröhlich, reconocido responsable de producción contratado por los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, quien dio en el blanco a la hora de encontrar la localización perfecta. Mientras Frölich buscaba localizaciones espectaculares en Suiza, el portero de su hotel le enseñó varias fotografías de un mirador-restaurante en obras situado en la cumbre del Schilthorn, por encima de Birg y Mürren, una de las estaciones de esquí con mas solera de los Alpes berneses.

La localización resulto ser la ideal, utilizando la estación de esquí y las poblaciones de Lauterbrunnen y Mürren como telón de fondo. A cambio de conseguir los permisos necesarios para poder filmar escenas en la cumbre, los productores aceptaron construir una pista de aterrizaje para helicópteros, rediseñaron el interior del actual restaurante circular giratorio y crearon toda una serie de detalles arquitectónicos que hoy en día todavía se conservan.

Si subimos hasta la cumbre del Schiltorn, en la sala de proyecciones debajo del restaurante se realiza cada media hora un homenaje a la película donde los espectadores pueden visionar las escenas que tienen lugar en la zona (con Mürren, sus pistas de esquí y las cumbre del Eiger, el Mönch y la Jungfrau como telón de fondo). Un la cumbre también podemos visitar una exposición donde encontramos un bobsleigh clásico, el fuselaje de un helicóptero Alouette III de Air-Glaciers usado durante el rodaje, fotografías, carteles, mapas, recuerdos de George Lazenby, Telly Savallas o Diana Rigg, siempre con la música de John Barry de fondo.

Los espléndidos títulos de crédito iniciales del habitual Maurice Binder (en claro homenaje a la era Connery) destacan por encima de otros títulos de la serie Bond y la música de John Barry es una de las mejores de la serie, destacando el tema central y los temas descriptivos de la base de Blofeld como “Journey to Bloefeld´s Hideaway” o “Try”. El inmortal tema “We Have All The Thime In The World,” interpretado por la inconfundible voz de Louis Armstrong, ponía el sello de calidad a uno de los episodios más gélidos y nevados de la serie.

A nivel musical, la película es una de las pioneras en la utilización del sintetizador. John Barry optó por la utilización de dicho instrumento electrónico con la intención de que este, actuara  como un elemento para distinguir a Lazenby del antiguo Bond interpretado por Sean Connery. La banda sonora incluye un divertido y entrañable tema navideño titulado “Do you know how Christmas Trees are Grown?” interpretado por Nina, que describe a la perfección la ironía y el humor negro que de vez en cuando salpican esta obra.

“007 Al Servicio Secreto de su Majestad”  es un buen producto comercial que recordaremos por la cuidada fotografía de sus paisajes alpinos, la irrepetible presencia del discutido Lazenby, y ante todo, por esa erótica hueste femenina (de surrealistas nombres disneyanianos) al servicio de uno de los más sádicos enemigos del espía cinematográfico por excelencia.

Importante reclamo para el turismo de montaña

Como detalle geográfico-turístico, la llegada de James Bond a los Alpes suizos se produce en la estación de ferrocarril de Lauterbrunnen, un maravilloso pueblecito a media hora de Interlaken desde donde asciende una de las lineas del tren cremallera que conduce al Jungfraujoch (Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco). En la estación de “Kleine Scheidegg”, la línea confluye con la que sube desde Grindewald y desde ese punto, se avista sin problemas la cumbre del Schiltorn.

A diez minutos de Lauterbrunnen encontramos otra maravilla, la cascada enclavada en la roca conocida en alemán como “Trummelbackfalle”, todo un ejemplo de lo que es capaz de realizar la madre naturaleza. Desde Lauterbrunnen, la visión de las cumbres heladas del Silberhorn y de la Jüngfrau nos sorprenden por su espectacular belleza a más de cuatro mil metros de altitud  y desde su privilegiada atalaya, dan la bienvenida al visitante que tiene la fortuna de poder  adentrarse en uno de los valles más atractivos de Europa.

Víctor Riverola i Morera