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Glaciares raros… y desconocidos – y II

Recreación a partir de Google Earth

Recreación a partir de Google Earth

Glaciar rocoso NW de los Besiberris
Bajo la cresta que une el Besiberri Medio (3005 m.) y el Sur (3032 m.) aún se agazapa el glaciar rocoso más grande de los Pirineos. No podemos esperar que sea comparable a otros de los Alpes que conservan como nombre propio su denominación morfológica, alguno muy conocido como el Glacier Noir en el Oisans
Tampoco sus rasgos son, por supuesto, tan espectaculares. Ni tan evidentes, a no ser que dispongamos de un punto de vista aéreo como el que sólo nos proporciona Google Earth.
Pero, si estamos atentos, al acercarnos a su frente después de haber remontado el circo rocoso que cierra elestanyet de Besiberri, percibiremos un nítido escarpe o talud de 25 metros de altura y fuerte pendiente a 40 grados que delata el final del aparato glaciar. Desde aquí, a 2510 m. de altura se desarrolla un kilómetro de glaciar hasta su cabecera o circo a 2750, con un pendiente media de 12,3 grados y un anchura de hasta 240 m. A lo largo de todo este recorrido los arcos y surcos de flujo evidencian el lento movimiento de una masa de hielo subyacente, oculto por derrubios a metro y medio de profundidad.
Como indican los últimos estudios es posible que sólo quede ese hielo en su mitad superior, pero con un espesor aún de 8 a 18 metros.
Y eso es todo. No es mucho pero ahí está para quién quiera conocerlo.
O conocerlos: el de Cambalés, Bastampé, Gemelos, La Paúl, Posets…

Si estos glaciares rocosos ya son un fenómeno montañoso casi ignorado incluso por quiénes frecuentan las montañas, excepcional y raro, los hay todavía mucho más, como los «namakiers» o glaciares salinos.
En realidad nada tienen que ver con el frío y el hielo, pero sí con el entorno montañoso, su desarrollo y su movimiento. Son coladas de sal que, al surgir del subsuelo por las presiones tectónicas en lugares elevados, fluyen valle abajo por efecto de la gravedad. Lo hacen sobre todo en invierno, cuando la humedad de la sal supera un punto crítico de fluidez y la lengua resultante repta hasta varios kilómetros. Todo ello justifica la denominación.
No tenemos ningún glaciar salino en nuestra geografía. Deberemos ir otra vez a Irán, a los montes Zagros, donde se sitúan los más característicos, como el de Kun-e-Namak.
Quizá los nuevos tiempos que parece comienzan en la República Islámica faciliten su apertura y debiliten nuestras reservas para conocer otras montañas de la zona que no sea el Demavend.

Estudio sesudo:
Dinámica, evolución y estructura de los glaciares rocosos de los Pirineos
E. Serrano, J.J. González Trueba, J.J. Sanjosé