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¡Muchas felicidades, Peñalara! (desde La Munia)

Este 16 de octubre de 2013, la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara cumplió sus cien primeros años de andadura. Por tal motivo, recibirán toda suerte de afectuosos tironcillos de orejas desde todos los rincones de nuestro cosmos montañero. Pero voy a reconducir un poco el tema hacia mi terreno…

 

El club madrileño siempre ha mantenido lazos especiales con Aragón. Sería largo detallar aquí todo cuanto han hecho los peñalaros por nosotros. Especialmente hasta 1929, cuando la irrupción de Montañeros de Aragón en el firmamento de las asociaciones nacionales les liberó de una buena tanda de labores que hasta entonces desarrollaban en favor de este deporte en nuestra Comunidad. Mas no por ello iban a dejar de asistirnos siempre que se les brindó la oportunidad.

 

Estas relaciones privilegiadas han aflorado con frecuencia a través del intercambio de artículos entre las respectivas revistas de la entidad de Madrid y la de Zaragoza. Pero hablando de textos montaraces…, voy a dejar ya el apartado de agradecimientos con objeto de tomar rumbo literario al Pirineo. Para la ocasión, lo haremos de la mano de un peñalaro llamado Ángel Rodríguez, responsable de cierto trabajo titulado como “Excursiones por el Pirineo: La Munia (3.159 metros)”. Se publicaba en el apartado dedicado a Montañeros de la revista Aragón del número 101, correspondiente al mes de febrero de 1934. Un relato del año anterior nada carente de interés, dado el tradicional abandono de este macizo fronterizo. Empezaremos por la batería de piropos que dirigía Rodríguez a nuestra montaña, apodada desde el siglo XIX como la Dama del Pirineo:

 

“Majestuosa e imponente es esta cumbre, a la vez que gentil y coquetona, como para hacer honor al género femenino a que pertenece el nombre con que se la denomina. ¿Será por pertenecer a este género por lo que tiene tantos atractivos? ¡Cuánta belleza encierra la excursión para llegar hasta su cima! ¡Qué atracción ejerce sobre el montañero! Y una vez alcanzada ¡qué emociones tan variadas y tan fuertes le proporciona al contemplar toda la grandiosidad y hermosura que desde ella se domina! Bella, simpática y gallarda Munia, recibe el homenaje de gratitud y admiración por el magnifico y agradable recuerdo que has dejado a este montañero. Aunque tantos encantos tiene esta montaña pirenaica, poco visitada debe ser, porque no son muchos los testimonios que de visitas se encuentran en su cumbre”.

 

Ni Russell fue tan zalamero con la Dama Munia… Mas, como el texto es largo, será preciso meter un poquillo de tijera. Así, la aventura que hoy nos interesa arrancaba de Bielsa, desde donde sería preciso caminar hacia Pineta. Una zona que los madrileños conocían del campamento de Peñalara del año anterior, en 1932. Así y todo, Ángel Rodríguez no dejó de sentir la belleza del hemiciclo del llamado Balle Berde:

 

“Cuando por primera vez se deja ver el circo con sus ingentes paredones y sus grandiosas e impresionantes cascadas, una sensación tan grande de alegría se apodera del contemplador, que queda extasiado y ensimismado. Este incomparable paisaje se completa con la aparición, al fondo del circo, de los colosos del Pirineo: el Monte Perdido. Envuelto en el alba cubierta de sus glaciares: el Cilindro y Marboré. Al pie del circo existen unas bordas (casa-refugio para ganado y para guardar heno), que fueron nuestro albergue en los días que duró nuestro campamento y el punto de partida de las excursiones”.

 

Por lo demás, el grupo de la SEA Peñalara [perdió la R de “Real” durante la República] llegaba en 1933 al Cinca Alto con un encargo curioso de los amigos de Montañeros de Aragón. Pero mejor no desvelemos por adelantado sus intenciones. A cambio, le pediremos a Ángel Rodríguez que nos narre en extenso la primera de sus dos jornadas de alta montaña en ciernes, la que le llevaría hasta la peineta de nuestra Dama del Pirineo:

 

“Una vez instalados, planeamos la excursión a La Munia y decidimos el día de partida, conviniendo en que era necesario salir a las 4:30 h para que parte del grupo tenga tiempo de regresar a pernoctar a la borda por no permitir cobijar a todos la tienda de que disponemos. Se prepara todo la noche anterior a la salida y se toca diana a las 4:00 h. Hay perecitis. Pero el que hace de sargento de semana, señor Tinoco, tira de cinto (metafóricamente, ¡eh!) y forma la fila enseguida. Se toma el tupi, se cargan los morrales y a las 5:00 h se emprende la marcha.

 

”Febo [el sol] no ha aparecido aún en el valle, y este está grisáceo y triste en este momento. El ensordecedor estrépito del agua despeñándose en imponentes cascadas por los paredones del circo turba la tranquilidad de aquella hora de calma. El camino para La Munia parte justamente de detrás de nuestra borda [donde hoy está el Parador]; es un agradable sendero que, zigzagueando por un bosque de abetos, nos conduce en media hora al Plan de Alarry. Hemos salvado quinientos metros de altura en esta media hora. El Plan de Alarry es uno de los lugares más atractivos y encantadores de Pineta: verde, jugosa y extensísima pradera de varios kilómetros elevada quinientos metros sobre el valle y flanqueada al norte por uno de los murallones del circo y al oeste por la Fuensanta y sierra Chinebro. Los que practicamos el deleitable deporte del esquí vemos enturbiada un poco la alegría que nos produce la vista de esta maravillosa pradera al recordar que en Guadarrama carecemos de estos lugares tan apropiados para la práctica de nuestro deporte favorito. ¡Qué le vamos a hacer! ¡Paciencia! Atravesamos en toda su longitud el mullido suelo del Plan de Alarry; pero antes de terminar de pasarle, Febo, asomándose majestuoso por detrás de aquellos picachos del saliente, nos envía el saludo de sus confortadores rayos. Una gran alegría invade todo. Parece que la naturaleza, dormida hasta entonces, despierta contenta y alegre de sentir la dulce caricia del astro padre. Nosotros correspondemos a su saludo con un hurra, y ya él, agradecido, nos acompaña durante todo el día. Gracias rendidas, Manolito, por lo bien que te has portado con nuestras excursiones de Pirineos.

 

”Terminada de pasar la pradera, y continuando en dirección este, comienza una subida por un camino tallado en la roca que, sin peligro, tiene pequeñas emociones que le hacen más interesante. En algunos pasos, hay que ayudar a un compañero a quien sus años ya no le permiten que se desenvuelva tan bien como los jóvenes; pero, en honor a la verdad, hay que reconocer que este camarada de excursión se portó como un valiente en aquella jornada, pues a pesar de sus años y falta de entrenamiento resistió la dura excursión como cualquier otro, y para testimoniarle la admiración que por él siento, creo que no sería hacer nada de más el mencionar aquí su nombre. Este camarada es el señor Tirado.

 

”Terminados, por ahora, los pasos difíciles hay que continuar subiendo un pesado repecho de un desnivel enorme y cuyo final no se ve nunca. ¡Qué altura más enorme hemos ganado en tan poca distancia! Ya el Plan Alarry se nos presenta como una cosa insignificante y, sin embargo, ¡qué grande es! Después de este repecho el camino continúa por la derecha, tirando al sudeste, por la ladera de sierra Chinebro, y el desnivel no es tan fuerte; pero aun la subidita con el morral repleto, una manta, parte de la tienda de campaña, que llevamos distribuida, y el sol, que ya a esta hora acaricia más de lo que quisiéramos, nos hace sudar. Pero por bien empleado se da este sudor. Las vistas que vamos descubriendo nos compensan con creces.

 

”A nuestra espalda, se ha descubierto ya el Monte Perdido; subimos un poco más, y ya divisamos todos los glaciares de este macizo. Los que tienen buena vista descubren una caravana que por ellos sube. Con el auxilio de los prismáticos todos los vemos perfectamente. Están pasando las mismas fatigas que nos esperan a nosotros el día que hagamos esta excursión. Continuamos en la misma dirección, pero siempre subiendo entre punta Blanca, a nuestra izquierda, y Fuensanta, a la derecha. Una detención para admirar otra vez aquella fantástica decoración del macizo de los glaciares y para recuperar fuerzas aligerando peso de los morrales para transmitirlo al estómago, que ya está desfallecido.

 

”Son las 8:30 h; ya llevamos más de tres horas de marcha. Se moviliza de nuevo la caravana a las 9:00 h, y siguiendo por el mismo camino, y ya sin grandes subidas, a las 10:30 h hemos llegado a los lagos de La Munia (2.590 metros). Es encantador este paraje. Dos lagos grandísimos, el menor doble que la laguna de Peñalara, y el mayor a unos cuantos metros más de altura que el otro, reflejan en sus límpidas, tranquilas y heladas aguas las gallardas cimas de aquellas montañas que les rodean. De frente, según se entra en esta especie de semicircunferencia, La Munia, majestuosa, presidiendo aquel macizo, aparece coquetona con su gran nevero, donde el sol refleja sus rayos con toda la fuerza de aquella hora calurosa de un día del mes de agosto. A la izquierda, le rinde pleitesía la cumbre de peña Blanca y a la derecha el pico de Larry. Dos camaradas de excursión se quedan aquí, pues no quieren darse el palizón de subir a la cumbre, teniendo que regresar a la borda a dormir. Los demás nos despojamos de la impedimenta; solo llevamos un pequeño morral con un poco de chocolate y almendras. A las 12:00 h, emprendemos la conquista de La Munia, que cada vez nos parece más atrayente. Cuanto más cerca de ella, está más cautiva y sugestiva. Subimos de frente por su cara sur salvando grandes desniveles y atravesando pequeños neveros; pero para salvar el grande sin entrar en él tenemos que marchar hacia la derecha, bordeándole por un terreno de pizarras movedizas que impiden manchar con firmeza. El sol calienta mucho y el esfuerzo que hay que hacer en este terreno nada firme, hacen la ascensión bastante penosa. Salvado el glaciar por la derecha, hay que hacerlo ahora por su parte superior, para lo cual hay que retroceder hacia la izquierda por una cornisa de pizarra que tiene más de un paso difícil. La cornisa nos conduce a la arista oeste de esta montaña, por donde ya se puede ganar la cumbre. Al llegar a esta afilada arista, que es la parte más bonita y emocionante de la subida, ya se divisa la vertiente norte de La Munia y todos los valles del lado francés. La línea que marca la arista es también la divisoria de las fronteras. Subimos por ella, que es el único punto practicable para llegar a la cima. Tenemos que caminar despacio; el menor tropiezo pondría en peligro nuestras vidas; los precipicios son insondables por ambos lados. Si caemos hacia la izquierda, nuestra vida acabará en Francia. Como buenos patriotas, procuramos inclinarnos a la derecha. De ocurrir algún accidente queremos brindar nuestra vida a la patria. La subida cada vez es más difícil y bonita.

 

”Un camarada, buen marchador, pero a quien las escaladas no acaban de convencerle y el vértigo le atrae con pasión, decide quedarse en una especie de explanadita que encontramos. ¡Qué lástima! Te perdiste lo mejor. Pues la cumbre de La Munia a mí es lo que más me cautivó. Llegamos a la meta y las admiraciones, alabanzas y entusiasmos se suceden. Todas las cumbres de las montañas no son iguales; las hay llanas que no dan la sensación de vacío, pero hay otras, como esta de La Munia (3.159 metros), terminadas en punta que emocionan sobremanera, porque dan la sensación de que se está suspendido. Su extensión es pequeñísima; apenas si cabíamos los cinco que tuvimos la suerte de coronarla. La vista, magnífica: a nuestros pies, por el norte, el valle de Gèdre y el pueblecito francés del mismo nombre, el circo Troumouse (francés) y el de Barrosa (español); al sur, los lagos, el pico de Larri y paredones de Pineta; al este, todo el grandioso macizo de los Montes Malditos; al oeste todo el macizo del Marboré, y al fondo, el Vignemale. Hemos llegado a las 14:00 h. El tiempo es magnífico y todo el horizonte está despejado, así es que no nos cansamos de contemplar aquel grandioso espectáculo que tan pocas veces nos será permitido volver a ver como ahora. Colocamos un buzón con un Libro para registro de firmas, donde hemos estampado las nuestras con un saludo para todos los montañeros. Como algunos de los que están en la cumbre también tienen que regresar aquella noche a la borda y el tiempo apremia, nos vemos obligados, no sin un poco de pena, a abandonar aquel lugar de maravilla.

 

”El regreso lo hacemos por la misma arista de subida, y al llegar al glaciar, yo, sin darme cuenta, me adelanto del resto de la expedición y continúo por el mismo camino que seguimos al subir: la cornisa de pizarra que bordea el nevero por su parte superior. Cuando me doy cuenta de que voy solo, llamo con nuestros típicos gritos de montaña, a los demás montañeros, pero ni los veo ni los oigo. No me inquieto por su suerte, porque Julián, el guía, va con ellos y conoce bien este terreno. Cuando estoy ya más abajo que el nevero, chillo de nuevo, y entonces les veo, retrasados de mí en cerca de una hora de camino. Se enfadan porque yo grito sin cesar; luego, cuando nos reunimos abajo, me explican que en ese instante en que yo gritaba tanto, ellos estaban en un paso bastante apuradillo [¿el paso del Gato?], teniendo que utilizar la cuerda y todo lo necesario para estos casos. No siguieron el mismo camino de subida, y al desviarse hacia abajo, encontraron este mal paso y además tuvieron que entrar en el glaciar para salvarle por el centro. Cuando llegaron abajo, al lado del lago donde teníamos los morrales, yo ya me había chapuzado en sus heladas aguas, que abandoné a una velocidad de rayo, pues de no haberlo hecho así me habría sobrevenido una congestión; tal era la frialdad en que se encontraban. Una vez todos reunidos, comimos. Teníamos una tienda de campaña para pernoctar, pero era tan sumamente pequeña que solo cuatro muy apretados podíamos cobijarnos en ella. Como éramos cinco los que queríamos quedarnos, uno no tuvo más remedio que renunciar. Fue Claudio Rodríguez, que con Julián (el guía) y los dos que no subieron a La Munia, emprendieron el regreso a la borda a las 16:30 h. Julián y Claudio fueron los héroes de la jornada, pues estuvieron andando desde las 5:00 h hasta las 20:00 h, con los solos descansos de los altos imprescindibles”.

 

Aquí dejaremos a Rodríguez y sus amigos, quienes continuarían al día siguiente su programa de ascensiones por la zona, visitando la punta Blanca y el pico de la Larri. Una larga jornada en la que no nos entretendremos y que terminó con la caída de la tarde en el circo de Pineta. Rebobinemos a cambio: supongo que más de uno se habrá percatado del detallito del Libro de Cima que los peñalaros instalaron sobre La Munia… En efecto: quienes debían de ocuparse de dicho cometido (en teoría), los socios de Montañeros de Aragón, estaban desbordados por la tarea, pues en sus inicios eran cortos en número y, encima, no muchos de ellos visitaban las regiones de alta montaña con asiduidad. La entidad zaragozana tendría que delegar: en el caso del Aneto, acordó con el CEC que siguiera ocupándose de dichos cuadernos; en otras cumbres, solicitó ayuda al GDJ de Toulouse o a la RSEAP de Madrid.

 

Lo diré de nuevo: feliz cumpleaños, amigos peñalaros… Seguro que incluso la Dama del Pirineo os desea lo mejor de lo mejor para ese segundo siglo de actuaciones en el que estáis ingresando…

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

10 respuestas a «¡Muchas felicidades, Peñalara! (desde La Munia)»

Alberto yo tambien me gusta mas cuando escribes sobre el Pririneo Aragones
Pero te lo digo con respeto y como favor
Salud tronco

Hola, José… Sí; ya sé que el Pirineo de Huesca tira mucho, pero no es un islote en mitad de un océano de llanuras: al este y al oeste aparece flanqueado por unas zonas que son pura maravilla… Por no hablar de su frente norteño, claro está… En fin; no me digas que lamentas en exceso que deje descansar un poco a nuestros viejos amigos, el Aneto, los Posets, el Monte Perdido y demás compaña, para viajar hasta las cotas altas de, por ejemplo, Els Encantats o el Comapedrosa… O hasta las del Moncayo y del Javalambre… Por ampliar los horizontes nevados de Aragón, más que por otra cosa… Va un saludote cordial…

Hola de nuevo, Jose María… Celebro que sigas con nosotros, ya lo sabes… No te preocupes, que no eres pesado: de hecho, te he escuchado «en directo» expresiones relacionadas con el «me duele Aragón» con cierta frecuencia… ¡Qué sería de nosotros si no tuviéramos cerca voces con experiencia que nos recuerdan valores como los que tú predicas en favor de amar el terruño que uno pisa…! En cuanto a mis incursiones por los Pirineos Orientales, pues me alegro de que te gusten (aunque me consta lo mucho que te cuesta salir de las montañas del Alto Ésera)… Por este costado, quédate tranquilo: en un futuro inmediato, hay varias entradas preparadas sobre los Montes Malditos… Como sé que te entusiasma el Aneto, ya imagino que no te empacharán… Venga, un saludo cordial (y déjate caer por aquí cuantas veces quieras)…

Estimado alberto: de veras que me estas aficionando con tus lecturas a otras regiones vecinas que no conozco y que pienso seriamente conocerlas pero agradezco infinitamente cuando nos vuelves al pirineo aragones de mis amores. Y siento parecer un pesado. Un saludo de: josemaria

Sí: eran otros tiempos… Fíjate que llegué a conocer, por los pelos, los cuadernillos que había en el Aneto en 1975, y en los Posets en 1978… Incluso les tiré unas fotos… Pero esos libros, con las visitas masificadas, ya no tenían sentido alguno: se usaban, especialmente, para echar pestes contra casi todo y dar clases de pornografía aplicada… En ambos casos, con palabras e ilustraciones como bien te puedes imaginar… Vamos: que si los llega a hojear el espíritu de, pongamos el caso, el difunto pirineísta y dibujante Franz Schrader, igual le daba un soponcio y se volvía a morir del disgusto…

¡Qué tiempos aquellos! Pero ni el Pirineo daba entonces tantas facilidades como ahora ni se disponía del increíble equipo y material que nos brinda la actualidad. Me han llamado la atención dos puntos: el «paso del gato», tan afamado como difícil de identificar con claridad, y los libros (y buzones) de cima, algo que no demasiados montañeros actuales han llegado a conocer.

Y otro misterio: ¿quién era ese guía llamado Julián? ¿Algún cazador de Bielsa? ¿O había ya algún guía más o menos oficioso en la zona? En este último caso, ¿qué otras ascensiones tenía en su catálogo…? Ay, ay, ay, ¡pero qué poco sabemos del pasado de nuestro pirineísmo ibérico!

Va la pregunta del millón: ¿alguien sabe dónde anda ese Libro de Cima que se instaló sobre La Munia en 1933…? [en Zaragoza, no].

Sí; ya sé que he hablado poco de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara en esta entrada… A quienes deseen conocer mejor esta efeméride y otras no menos actividades interesantes del montañismo castellano, les recomiendo que se hagan con los tres ejemplares (pronto cuatro) de la revista “Peñalara” de este 2013… Por mi parte, me limitaré a reproducir las primeras líneas de su acta constituyente:

“En Madrid, a 16 de octubre de 1913, reunidos en el Instituto de Reformas Sociales, calle de Pontijos número 2, los señores don Constancio Bernardo de Quirós, don Alejandro Canetti, don Ángel Castellanos, don Victoriano Fernández Azcarra, don José Fernández Zabala, don Ramón González, don Juan Meliá, don Enrique de Mesa, don Alberto Segovia, don José Tinoco, don Enrique de la Vega y don Joaquín de Aguilera, acordaron: constituir una sociedad denominada “Peñalara-Los Doce Amigos” con objeto de conocer el sistema orográfico central de la Península, a la vez que ayudar en el desenvolvimiento moral y material de los habitantes de aquella cordillera […]”.

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